Durante meses seguí a extraños en la calle. Lo hice por el mero placer de seguirlos, no porque me interesaran particularmente. Les hice fotos sin que ellos lo supieran, tomé nota de sus movimientos… hasta que los perdía de vista y los olvidaba.

Corre el año 1979 y una fotógrafa autodidacta llamada Sophie Calle acaba de volver a París, su ciudad natal, después de siete años viajando y viviendo en el extranjero. Se siente desubicada, y es extraño, porque esta es su ciudad, su hogar, y ese sentimiento se vuelve tan intenso que pasa cada vez más le cuesta más moverse de casa.

 

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Sophie Calle, autorretrato

 

Tenía 26 años y no sabía muy bien qué hacer. Empecé a seguir a la gente para familiarizarme de nuevo con la ciudad, para salir de casa sin tener que decidir qué hacer o a dónde ir. Me di cuenta de que no me apetecía salir, que no tenía energía, y que siguiendo a la gente iría allá donde ellos me llevaran. Después empecé a cogerle gusto y a hacer fotos, a escribir textos…

Sophie se dejar llevar por ese extraño y curioso instinto de seguir y fotografiar a desconocidos por la calle, sin sospechar que uno de esos encuentros marcará un antes y un después en su obra artística.

 

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Fotos: Sophie Calle. ‘Suite Vénitienne’

 

A fines de enero de 1980, seguí a un hombre al que unos minutos después perdí de vista en la multitud. Esa misma tarde, y por casualidad, me lo presentaron en una inauguración. Mientras hablábamos, me dijo que estaba planeando un viaje inminente a Venecia.

La fotógrafa siente una atracción inusual por ese hombre y su viaje, y en un arrebato, decide seguirlo sin que él lo sepa. Sophie Calle pasa así 13 días en la ciudad italiana siguiendo a ese hombre del que solo conoce su nombre, Henri. En la maleta lleva las que serán sus dos armas más poderosas: una peluca rubia y su cámara de fotos.

Las primeras horas no son fáciles, no sabe dónde se aloja, y llama a cientos de hoteles para averiguar en cuál está. Al final, la suerte se alía con ella: Henri está en una pensión a apenas 100 metros del alojamiento de Calle.

 

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Foto y texto: Sophie Calle. ‘Suite Vénitienne’

 

A partir de ahí se dedica a vigilar, seguir y fotografiar a su misterioso hombre, y a tomar nota de sus pensamientos y progresos. Las fotografías muestran a Henri casi siempre de espaldas, es un hombre sin rostro, misterioso y distante, en un marco, el de Venecia, que dota a las imágenes de cierto aire cinematográfico. Calle convierte a Henri en una metáfora de intriga y misterio. La persecución se convierte en obsesión y eso hace que la artista tema confundir sus sentimientos.

No tengo que olvidar que no tengo sentimientos románticos por Henri B.

Fruto de esta persecución nace su trabajo más conocido, ‘Suite Vénitienne‘ (suite veneciana), un minucioso diario de su particular persecución a Henri B. por Venecia en el que las fotos se contraponen a los textos. A medida que nos adentramos en el libro, los textos y las furtivas imágenes nos sumergen en una atmósfera de thriller que alcanza su clímax cuando el hombre perseguido descubre y reconoce a Sophie Calle… por sus ojos. “Eso es lo que tenías que haber ocultado”, le dice.

 

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Foto y texto: Sophie Calle. ‘Suite Vénitienne’

 

El libro, y la aventura de Calle, no acaban aquí, aún queda algún que otro giro sorprendente a la vez que divertido. Pero no es cuestión de desvelarlo todo…

‘Suite Vénitienne’ fue el primer contacto que tuve con la obra y la figura de Sophie Calle. Me fascinó su atrevimiento, su originalidad y su acertada combinación de fotografía y texto (una de mis debilidades). Calle es, más que ninguna otra cosa, todo un referente a la hora de explorar nuevos campos de expresión y creación dentro de lo que es la narrativa fotográfica.

 

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Fotos y texto: Sophie Calle. ‘Suite Vénitienne’

 

Pero, ¿dónde y cómo nace la peculiar forma de fotografía, y de arte, de Sophie Calle?

Cogí una cámara por primera vez para agradar a mi padre. Él era coleccionista de arte conceptual y no estaba muy contento con lo que yo estaba haciendo con mi vida. Miré lo que tenía colgado en las paredes e intenté imitarlo. Ese fue mi primer paso.

Un primer paso que le ha llevado por un camino muy peculiar, en el que la fotografía ocupa un lugar importante, pero no esencial. Las fotografías de Sophie Calle son instantáneas en el sentido más puro de la palabra, no son modelos de composición ni de contenido, sino vehículos de una narración en la que comparten protagonismo, pero no funciones, con el texto.

 

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Foto y texto: Sophie Calle. ‘The Address Book’

 

Cuando comencé en esto, a finales de los 70, me apunté a un curso de fotografía. Me quedé sólo un día porque no me pareció interesante. Mis primeras fotos (gente durmiendo en mi cama) eran técnicamente mediocres y sin ningún interés estético. Cuando las presenté a las galerías Canon en Ginebra, algunos fotógrafos expresaron su disgusto. En realidad, no importa. Las fotos que no están dentro de un ritual, no son mi territorio. No hago fotos fuera de mis proyectos. No llevo mi cámara guardada en mi bolso, no hago retratos de mis amigos. Sólo cojo la cámara para manifestar una idea. Y entonces, sólo entonces, sé que la fotografía está justificada, aunque no sea buena.

 

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Foto: Sophie Calle. ‘The Sleepers’

 

 THE SLEEPERS

Casi 20 años antes de que la británica Tracey Amin sacudiera los cimientos del arte moderno con su obra The Bed (conocida en castellano como ‘La cama deshecha’), Sophie Calle llevó a cabo un proyecto en el que dicho mueble era la excusa para seguir dando rienda suelta a su mayor impulso: observar a la gente.

En 1980, Calle invitó durante varias noches primero a amigos y después a extraños a dormir en su propia cama. El objetivo era hacerles fotos cuando dormían, se levantaban y tomaban el desayuno preparado por ella, mientras les preguntaba cosas como con qué edad dejaron de mojar las sábanas. Por extraño que pueda parecer, fueron un total de 29 personas las que se prestaron al juego, que finalmente se alargó durante nueve noches.

 

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Foto y texto: Sophie Calle. ‘The Sleepers’

 

La gente suele aceptar entrar en el juego que les propongo. Creo que es porque les pido cosas insólitas. Si le pides a la gente algo normal, como que te ayuden con la mudanza, es más fácil que te digan que no, pero si les pides, por ejemplo, que duerman en tu cama, la sorpresa les lleva muchas veces a decir que sí.

 Este trabajo, como todos los de Calle, tiene una clara vertiente sociológica, aunque ella afirme no buscarla. No solo convierte un espacio privado, su dormitorio, en un lugar de paso para amigos y extraños, también, en ocasiones, hace que gente que no se conoce comparta cama por una noche. Y su cámara está ahí para registrarlo.

 

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Foto: Sophie Calle. ‘The Sleepers’

 

El resultado son imágenes a veces borrosas, o con poca luz, pero cuyo valor es intrínsecamente testimonial, no artístico. La ausencia de interacción social, la oscuridad del sueño, la soledad y la vulnerabilidad de las personas acostadas en una cama y, sobre todo, la falsa intimidad rota por la presencia de Calle y su cámara. El tiempo parece detenerse, los cuerpos parecen inertes y abandonados, lo que Sophie Calle realmente fotografía es un ensayo de la muerte.

 

 

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Foto: Sophie Calle. ‘The Address Book’

 

THE ADDRESS BOOK

En 1983, un incidente casual es el origen de otra de las obras más conocidas de la fotógrafa francesa, y la que, según ha reconocido la propia Sophie, más dolores de cabeza le ha ocasionado.

Calle pasea un día por París cuando encuentra una libreta de direcciones perdida. Se la devuelve a su legítimo dueño pero, antes de hacerlo, decide fotocopiar su contenido.

Quería descubrir quién era él sin conocerlo en persona, y hacer un retrato suyo tomándome el tiempo necesario para que sus amigos me hablaran de él.

 

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Foto y texto: Sophie Calle. ‘The Address Book’

 

Calle va poniéndose en contacto con las personas que aparecen en la agenda y les pide que le hablen del dueño, que resulta ser un cineasta llamado Pierre D. Con cada conversación y retazo de vida y personalidad de este hombre, Sophie Calle escribe pequeños textos (que en su posterior libro acompañará con fotos) que va publicando casi diariamente en el periódico Liberation durante un mes.

Hubo una gran polémica porque los periodistas querían saber por qué, como artista, se me permitía hacer algo así en un periódico y a ellos no, es decir, entrometerse en la vida de alguien. A muchas personas les gustó porque pensaron que era una ficción, pero cuando el tipo respondió y dio su nombre, demostrando que realmente existía, se hizo evidente que no era una ficción, y entonces a esas mismas personas a las que les había gustado el trabajo les disgustó y dijeron que era un atropello. Luego otros, a los que inicialmente no les gustó porque pensaron que no era lo suficientemente arriesgado, comenzó a gustarles. ¡Fue un completo desastre!

 

 

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Texto: Sophie Calle. ‘The Address Book’

 

Cuando Pierre D. descubre lo que está haciendo Calle, la amenaza con denunciarla por intromisión en la intimidad. Escribe una carta furibunda a Liberation en contra de Calle y reclama a la publicación su derecho de réplica. Liberation se lo concede y lo que hace Pierre D. es publicar una foto de Sophie Calle desnuda, pero con su rostro pixelado, una imagen tomada cuando era joven y trabajaba para un fotógrafo. Al final, ambos hablan y llegan a un acuerdo: la artista no publicará nada, ni reutilizará lo ya publicado, hasta después de que él haya fallecido.

Sophie Calle cumplió su palabra y, una vez muerto Pierre, recogió los textos nacidos de las entrevistas a los contactos de la agenda y los publicó en un libro acompañados de fotografías. ‘The Address Book‘ nace así como una ventana a la reconstrucción de la identidad de un hombre a través de múltiples facetas, aquellas expresadas a través de las impresiones y vivencias comunes, y diferentes, con las personas que guarda en su agenda.

 

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Portada de ‘The Address Book’

 

 

TAKE CARE OF YOURSELF

En 2004 otro acontecimiento azaroso será la chispa que ponga en marcha una nueva idea en la cabeza de Sophie Calle. La fotógrafa de 51 años se encuentra en Berlín cuando recibe un correo electrónico de su novio. Es un largo mensaje de ruptura, que ella no espera, y que termina con la palabra que acabará dando nombre a su proyecto: “Cuídate” (take care of yourself).

 

Recibí un correo electrónico diciéndome que todo había terminado.

No sabía cómo responder

Era casi como si no lo hubiera escrito para mí.

Acababa diciendo “cuídate”.

Seguí el consejo al pie de la letra.

Les pedí a 107 mujeres, elegidas por su profesión o habilidades, que interpretaran la carta.

Para analizarla, comentarla, bailarla, cantarla. Diseccionarla. Agotarla.

Para que la entendieran por mí. Respondieran por mí.

Era una forma de tomarme mi tiempo para romper.

Una forma de cuidarme.

 

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Foto: Sophie Calle. ‘Take care of yourself’

 

Esta es la carta que recibió Sophie aquel día y que se reproduce íntegramente en el libro:

Sophie,

He estado un tiempo intentando escribir y responder a tu último correo electrónico. Al mismo tiempo, pensé que sería mejor hablar contigo y decirte lo que tengo que decir en voz alta.

Pero así, al menos, quedará escrito.

Como habrás notado, últimamente no he estado muy bien. Como si ya no me reconociera en mi propia existencia. Es un terrible sentimiento de ansiedad contra el que realmente no puedo luchar, aparte de seguir adelante y tratar de superarlo, como siempre lo he hecho.

Cuando nos conocimos, tu pusiste una condición: no convertirte en la “cuarta” en discordia. Cumplí mi promesa: han pasado meses desde que vi a las “otras” porque, obviamente, no pude encontrar una manera de verlas sin convertirte en una de ellas.

Pensé que eso sería suficiente, pensé que tu amor y el hecho de amarte sería suficiente para que esta ansiedad, que constantemente me impulsa a mirar más lejos, y que me asegura que nunca me sentiré en calma, o feliz o ” generoso “- se mitigaría cuando estuviera contigo, con la certeza de que el amor que tienes por mí fue era lo mejor para mí, lo mejor que he tenido, lo sabes. Pensé que mi escritura sería un remedio, que mi “inquietud” se disolvería en ella para que pudiera encontrarte. Pero no. De hecho, empeoró, ni siquiera puedo decirte en qué estado me siento. Por eso, esta semana comencé a llamar a las “otras”.

Y sé lo que eso significa para mí y el círculo al que me arrastrará. Nunca te he mentido y no tengo la intención de empezar a mentirte ahora.

Había otra regla que impusiste al principio de nuestra relación: el día que dejáramos de ser amantes y ya no podrías enfrentarte al hecho de tener que verme. Sabes que esta limitación puede resultarme desastrosa e injusta (cuando todavía ves a B. y K. …) y también comprensible (obviamente…); por lo que nunca podré convertirme en tu amigo.

Pero ahora puedes calibrar la importancia de mi decisión por el hecho de que estoy dispuesto a ceder a tu voluntad, a pesar de que hay muchas cosas (no verte ni hablarle ni ser testigo de la manera en que ves a las personas y las cosas, y tu amabilidad conmigo), que echaré terriblemente de menos.

Pase lo que pase, recuerda que siempre te amaré de la misma manera, a mi manera, como lo he hecho desde la primera vez que te vi; que ese sentimiento seguirá estando dentro de mí y, estoy seguro, nunca morirá.

Pero sería un teatro de muy mal gusto prolongar una situación cuando sabes tan bien como yo que se ha vuelto irreparable por el amor que nos tenemos, un amor que ahora me obliga a ser muy franco contigo, como prueba definitiva de lo que pasó entre nosotros, algo que siempre será único.

Me hubiera gustado que las cosas hubieran sido diferentes.

Cuídate.

 

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Foto: Sophie Calle. ‘Take care of yourself’

 

Lo que más gusta a Sophie Calle es precisamente este momento, el instante en el que la mecha prende en su mente y el proyecto comienza a cobrar vida. Siente el dolor, la decepción, pero es capaz de ver qué puede construirse con todo ello. Disfruta pensando en que esa idea irá tomando forma hasta acabar colgada en una galería o plasmada en un libro. Ahora, solo queda llevarla a cabo.

La idea se me ocurrió muy rápidamente, dos días después de recibir el mensaje. Se lo mostré a una amiga íntima y le pregunté qué le respondería ella, y me dijo que haría esto o lo otro. Entonces se me ocurrió investigar la carta a través del vocabulario y la perspectiva profesional de varias mujeres diferentes. Quería que la experta en gramática hablara sobre eso, la gramática, quería jugar con la ausencia de sentimientos del vocabulario profesional. No quería que las mujeres elegidas expresaran sentimientos por mí.

 

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Imagen de la exposición ‘Take care of yourself’, de Sophie Calle

 

Pregunté a otras dos amigas, una de ellas periodista y la otra escritora. Les dije: “Habla desde tu propia posición”. Empecé a pensar en las profesiones más habituales cuya labor consiste en analizar palabras: la de psicoanalista, la de correctora de textos… luego traté de ir afinando más: una filósofa, que luego me llevó a una filóloga, que a su vez me llevó a una filósofa de la moral, y así sucesivamente. Cada una de ellas me decía: “¿Has pensado en esta o aquella persona?”

Con el tiempo, el proceso se abrió, ya no enseñaba la carta solo a personas que conocía: encontré a una escritora de crucigramas, porque eso también es trabajar con palabras, recurrí también a una mujer que practicaba el tiro con pistola y la elegí porque trabajaba con objetivos, etc. Al principio solo quería incluir en el proyecto a una actriz y a una cantante, porque ya había elegido solo a una psicoanalista. Pero al final enseñé la carta a 33 actrices, cantantes y bailarinas, desde Camille hasta Nathalie Dessay y Sussan Deyhim.

 

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Imagen de la exposición ‘Take care of yourself’, de Sophie Calle

 

Después de un mes me sentí mejor. No hubo sufrimiento. Funcionó. El proyecto había reemplazado al hombre.

Lo que comenzó como una especie de terapia para hacer frente a una ruptura repentina y traumática acabó convirtiéndose en un proyecto artístico. Y la idea le funcionó tan bien, la ayudó tanto a superar aquel golpe sentimental, que la propia Calle confiesa que tuvo miedo de que su ya expareja regresara con intenciones de reconciliarse porque aquello habría echado por tierra todo su proyecto.

Así, y después de dos años, el mensaje de ruptura de su ex había pasado ya por la mirada analítica de nada más y nada menos que 107 mujeres. Calle aprovechó para hacerles fotos mientras lo leían y analizaban, siempre bajo los parámetros de sus profesiones.

 

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Imagen de la exposición ‘Take care of yourself’, de Sophie Calle

 

Como consecuencia de todo el proceso, la gramática y la sintaxis de su ya exnovio fueron destrozadas por una correctora de textos, sus formas y modales criticados por una experta en protocolo y etiqueta, el texto en su totalidad fue reordenado y reconvertido en un crucigrama, evaluado por una juez, tiroteado por una tiradora profesional, su estrategia analizada por una jugadora de ajedrez y su mensaje interpretado por la famosa actriz Jeanne Moreau. Por último, y como colofón, una psiquiatra forense dictaminó, sin ningún género de duda, que su autor era un “manipulador retorcido”.

Sophie dedicó este proyecto a su madre, a la que también incluyó entre las mujeres que analizaron el mensaje, y que fue a la única que permitió hablar de los sentimientos que la carta le provocaba.

 

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Foto: Sophie Calle. ‘Take care of yourself’

 

COULDN’T CAPTURE DEATH

La madre de Sophie Calle es, precisamente, la protagonista de su proyecto más personal y quizá también el más polémico. Se trata de un film llamado ‘Couldn’t capture death’ (No pude atrapar a la muerte) en el que cuenta la agonía de su propia madre antes de morir. Sophie persigue aquí a su presa más esquiva: la propia muerte.

Calle, muy unida a su madre, decidió un día poner una cámara a los pies de la cama en la que esta yacía moribunda por miedo a que muriera en su ausencia y no pudiera ser testigo de sus últimas palabras y de su último aliento.

 

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Fotograma de la película ‘Couldn’t capture death’, de Sophie Calle

 

Hice la película de la muerte de mi madre gracias a Robert Storr (comisario de arte y amigo de Calle). Rob sabía que había filmado la muerte de mi madre y él sugirió, y luego insistió, en que me ocupara del tema. No me sentí lista para ver las 80 horas de película que había grabado de su muerte, pero luego recordé aquellos 11 minutos que estuvo entre la vida y la muerte y durante los cuales yo me preguntaba dónde estaba realmente mi madre.

Una vez que acepté hacerlo, tuve que mirar los vídeos para buscar aquel pasaje y editarlo. Fue algo que estuvo ahí, de fondo, mientras yo seguía con mi vida y trabajaba… Y luego se convirtió en un proyecto, de forma que pude tomar distancia con él.

Recuerdo que cuando finalmente vine a mostrar la película en Venecia, estuve ocupada con todos los problemas técnicos habituales: el sonido, la iluminación, la pintura y el tamaño de la imagen. Solo cuando todo estuvo instalado y pude verla me di cuenta de que era mi madre y empecé a llorar.

 

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Imagen de la proyección de la película en una capilla

 

Calle recibió numerosas críticas por mostrar públicamente la agonía de su madre. Dijeron que su exhibicionismo no tenía límites, que era una falta de respeto hacia su madre, hacia su dolor, que era inmoral convertir en arte la agonía y el sufrimiento de una persona. Pero la artista siempre ha tenido la conciencia muy tranquila. Cuenta que, al colocar la cámara frente a la cama de su madre, ésta, tras años de echarle en cara que jamás la había incluido en ninguna de sus obras, dijo: “¡Por fin!”

Mi madre era muy especial; era una exhibicionista, y quería que yo la grabara. Inicialmente fue algo muy pragmático, no fue para nada un gesto artístico. Estaba viviendo la muerte de mi madre, no tratando de utilizarla para un proyecto. Estaba deprimida. Tenía miedo. Estaba muy involucrada. Lo que quería era captar sus últimas palabras.

 

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Fotografía de la madre de Sophie Calle, incluida en su libro ‘Rachel, Monique’

 

Más tarde, me di cuenta de que lo que estaba haciendo era una forma tomar distancia con la situación. Creo que, en algún lugar de mi mente, estaba pensando en lo que podría hacer con eso, y también que a mi madre le encantaría. Ella siempre se quejaba de que nunca hacía nada sobre ella, de que no pensaba que ella fuera un buen tema. Cuando le pedí que participara en ‘Cuídate’, ella no dudó en formar parte del proyecto, y se lo dediqué.

Cuando terminé la película, me cuidé mucho de controlar dónde sería exhibida, en un santuario tranquilo. Es un trabajo que quiero seguir controlando completamente y con mucho cuidado. No lo vendo, y ya me he negado a mostrarlo en otros contextos porque he considerado que no debería verse en ciertos lugares.

 

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Imagen de la exposición ‘Rachel, Monique’, de Sophie Calle

 

De esta película nace también una exposición (que incluye la película de 11 minutos sobre su madre) y después un libro titulado ‘Rachel, Monique’, hecho a base de extractos de diarios y álbumes familiares.

Ahora puedo decir cuáles fueron sus últimas palabras, quién fue la última persona que vio, cuál el último libro que leyó. Pero no pude ver su último aliento. La muerte es imposible de atrapar.

Es la conclusión a la que Sophie Calle llega tras acechar a la muerte a través de la persona de su madre.

 

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Fotos: Sophie Calle, de su serie ‘Les Tombes’

 

Para Sophie Calle, la vida, la suya y la de los demás, es algo que puede tomarse prestado, incluso robarse, de forma que proyecta sus propias emociones sobre los demás (el extraño al que sigue en Venecia, el dueño de la libreta de direcciones que encuentra en la calle, la gente que duerme en su cama, el hombre que rompe con ella, su madre en sus últimos minutos de vida, su propia imagen captada por un detective…). Con esas vidas ‘robadas’ construye una especie de semi-ficción de retazos reales e imaginarios, jugando con la intriga y la curiosidad que provoca en el espectador.

Calle y su obra han recibido numerosas y feroces críticas a lo largo de su carrera. Sin ir más lejos, un afamado crítico del Times dijo de ella que era “una mujer inteligente cuya vida y obra eran tan vulgares que merecía más compasión que aplauso”.

 

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Sophie Calle, portada de su libro ‘Did you see me?’

 

Lo cierto es que a Calle nunca ha parecido muy afectada por este tipo de comentarios ya que ella misma admite, sin tapujos, ser una especie de extraña dentro del mundo del arte.

Cuando empecé no sabía nada de arte, mi única referencia era lo que había visto en las paredes de la casa mi padre. Yo no era una estudiante de arte. De hecho, la primera vez que entré en un museo de arte contemporáneo fue para exponer mi trabajo en él.

Sophie Calle jamás pensó en un principio que estuviera haciendo arte, fue el propio mundo del arte, sediento de nuevas y diferentes expresiones artísticas, el que convirtió a Calle y sus personalísimos proyectos en objeto de deseo.

 

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Fotos: Sophie Calle, en ‘Suite Vénitienne’

 

La obra de Calle es opaca y ambigua, se mueve entre la presencia y la ausencia, y lo hace de forma deliberada. No es una documentalista, lo más significativo de su trabajo es muchas veces aquello que falta o está ausente. La acusan de ser invasiva, de no respetar los límites. Lo hizo incluso consigo misma, cuando en 1980 pidió a su madre que contratara a un detective para que la siguiera y fotografiara sin que ella se diera cuenta mientras visitaba lugares de París que tenían un significado emocional para ella. Fue uno de sus primeros experimentos, un trabajo llamado ‘The Detective’ en el que contrapuso la mirada objetiva (la del detective) con la subjetiva (la suya).

 

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‘The Detective’, de Sophie Calle

 

Lo que Calle persigue y observa no son tanto personas, como proyecciones de su propio yo. Fotografía y reinterpreta experiencias primarias como la huida (el viaje a Venecia), la construcción de una identidad (The Address Book), la pérdida (Take Care of Yourself), la intimidad (The Sleepers) y la muerte (el proyecto sobre su madre). En todos esos proyectos a quien persigue e interpela Sophie Calle no es a los otros, ni siquiera al espectador, a quien sigue y acecha Sophie calle es a sí misma, a su propio y cambiante yo.

 

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Sophie Calle en París. De su trabajo experimental ‘The Detective’

 

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