A estas alturas, la mayoría de los y las que seguís este blog y mi actividad en redes ya sabéis que «Ravens», de Masahisa Fukase, es uno de mis fotolibros favoritos. De hecho, ya le dediqué todo un post, ‘Ravens’, de Masahisa Fukase: la obsesión y la oscuridad del vagabundo en la tiniebla, hace ya tres años, pero siempre he tenido en mente la idea de dedicarle también un vídeo en el canal de Youtube de Cartier-Bresson no es un reloj… ¿y qué mejor manera de hacerlo que aprovechar esa serie de vídeos que he ido haciendo sobre «mis libros oscuros»?

«Ravens» es la obra cumbre del fotógrafo japonés Masahisa Fukase, pero sería injusto desdeñar el resto de su obra. Fukase fue un innovador, un obseso de la fotografía (y no solo de los cuervos) cuyos trabajos merece mucho la pena conocer y analizar. Con motivo de su trabajo ‘Family’, del que también hay un estupendo fotolibro, Fukase aparece también en el post especial que escribí con motivo del Día del Padre: Seis trabajos fotográficos inspirados en la figura del padre.

Historia de una obsesión

Durante más de 10 años, y como forma de superar el golpe tras el abandono de su segunda mujer, a la que también fotografió obsesivamente, Fukase se dedica a fotografiar cuervos. En Japón, como en muchos otros lugares, el cuervo es un ave de mal agüero. Allí se dice que la desgracia caerá a todo el que mire a un cuervo directamente a los ojos. Fukase lo hizo miles de veces. Hay quien explica así su trágica muerte en 2012 tras pasar 20 años en coma por una caída sufrida cuando salía completamente borracho de un bar.

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La obsesión de Fukase por ese «vagabundo en la tiniebla» como llamó Edgar Allan Poe al cuervo en su famoso poema, llevó a Fukase a construir un relato oscuro, poético, a veces asfixiante, a veces melancólico, del dolor y la desesperación existencial que lo ahogaban. «Fotografío para detenerlo todo. Mi obra es una especie de venganza contra el drama de vivir» o «Me he convertido en un cuervo» son algunas de sus frases durante aquellos años.

En «Ravens», Fukase se vale de la estética oscura y deprimente del Japón de posguerra para hacer un autorretrato oscuro a través de la figura simbólica del cuervo. Las aves no aparecen en todas las fotografías del libro, pero en aquellas en las que está físicamente ausentes, su presencia se percibe en múltiples detalles, como en el propio punto de vista desde el que se ha tomado la foto, que muchas veces recuerda al de un ave.

Fukase y su dolor están también constantemente presentes en este contundente trabajo. Su figura no aparece nunca, no hay autorretratos como tales en «Ravens», pero cada fotografía se siente como un autorretrato del autor. Esa es parte de la gran magia del libro.

La secuencia final

Mención aparte merece la secuencia final de seis fotografías que cierra el libro. La muestro y explico en el vídeo, pero conviene estar muy atento a ella porque es absolutamente maravillosa. Seis fotografías que cuyo valor simbólico, metafórico y narrativo es excepcional. «Ravens» no podía tener mejor final.

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Disfrutad, ahora sí, el video-análisis de este Ravens de Masahisa Fukase, un libro que, si os interesa, podéis comprar aquí:

Comprar ‘Ravens’ de Masahisa Fukase

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