Rompedora, surrealista, divertida… Esta fotografía es la genial consecuencia de la amistad entre el pintor Salvador Dalí y el fotógrafo Philippe Halsman, uno de los más originales y con más inventiva de todo el siglo XX.

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Foto: Philippe Halsman

Cuesta creer que, sobre el papel, la idea de esta foto les pareciera sencilla. El plan era que Yvonne, la esposa de Philippe, sostuviera la silla que se ve a la izquierda con sus manos; unos asistentes, también a la izquierda, lanzaran el agua que tenían en unos baldes; y otros asistentes (entre ellos Irene, la hija de Halsman), a la derecha, hicieran volar a los gatos. Dalí, en el centro-izquierda de la imagen, saltaría en el momento justo, y Philippe apretaría el disparador de su cámara para que la imagen “perfecta” quedara impresa en papel de gelatina de plata.

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Imágenes descartadas

Pero la imagen “perfecta” no salió al primer disparo. Era imposible. De hecho, tardó en llegar. No se necesitaron ni dos, ni tres ni cuatro disparos, sino 28; o, lo que es lo mismo, 28 lanzamientos de gatos, 28 baldes de agua y 28 placas de gelatina.

La coreografía estaba bien estudiada: Halsman contaba hasta cuatro antes de disparar, los gatos y el agua se lanzaban a la de tres, y Dalí saltaba a la de cuatro. Después, el fotógrafo se metía en el cuarto oscuro para revelar la foto y ver si era necesario repetir y hacer ajustes. Ese tiempo lo aprovechaban sus ayudantes para secar el suelo y tranquilizar a los gatos.

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En palabras del propio Halsman: Seis horas y 28 intentos después, el resultado satisfizo mi deseo de perfección. Mis asistentes y yo estábamos mojados, sucios y completamente exhaustos; sólo los gatos parecían estar como nuevos”.

Para la fotografía definitiva se borraron las manos de Yvonne y las cuerdas de piano que sostenían los cuadros y atriles. Además, a la imagen se le aplicó un ligero recorte para resaltar más la imagen en el pintor. El nombre surgió de la combinación del nombre de Dalí y de “Leda Atómica“, que es el título de la pintura que se ve a un lado de la imagen, tapada por uno de los chorros de agua.

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Hojas de contacto de Magnum

Para mí la fotografía puede ser terriblemente seria o muy divertida. Tratar de captar algo tan esquivo como la verdad con una cámara puede ser una tarea frustrante. E intentar crear una imagen que no existe en la realidad sino en tu imaginación es a menudo un juego excitante. Y yo disfrutaba especialmente de ese juego con Salvador Dalí. Éramos como dos compinches. Cada vez que se me ocurría una idea fuera de lo común le pedía a Dalí que fuera el héroe de la foto. Esa relación nos estimulaba mutuamente.

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Halsman y Dalí

Philippe Halsman conoció a Salvador Dalí en la década de 1930, una época en la que el fotógrafo residía en París y frecuentaba los círculos en los que se movían muchos artistas ligados al surrealismo. Comenzaron a colaborar en la segunda mitad de los años 40 y ‘Dalí Atomicus’ fue su obra más conocida. La imagen se publicó en la revista Life a doble página y fue todo un éxito.

A ningún fotógrafo se le debería reprochar el querer mostrar cosas que sólo ve en su imaginación en lugar de captar la realidad. La fotografía es el arte más joven y por eso deberían alentarse todos los intentos de ensanchar sus fronteras. (Philippe Halsman)

El payaso no soy yo, sino esta sociedad tan monstruosamente cínica e inconscientemente ingenua que interpreta un papel de seria para disfrazar su locura. (Salvador Dalí)

 

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