Gabriele Croppi es un misterio, igual que las sombras y los negros profundos de sus fotografías más famosas.  Este fotógrafo italiano nacido en 1974 no se prodiga en entrevistas y las pocas veces que lo hace apenas habla de los sentimientos y vivencias que impulsan sus fotografías.

Su discurso, como sus imágenes, es un juego de luces y sombras que se alimentan de un universo propio en el que imagen, mensaje, interpretación y poética nos descubren dimensiones desconocidas de lugares comunes.

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Foto: Gabriele Croppi

Croppi es un firme defensor de la colaboración entre diferentes campos artísticos. En el siguiente video, su estética más conocida se combina con el video y la poesía de Walt Whitman en una obra que combina deleite visual, auditivo y emocional. Una experiencia multidimensional dirigida a un espectador activo y multisensorial.

Gabriele Croppi debe su fama, principalmente, a su obra ‘Metaphysics of the urban landscape’, una reinterpretación de las ciudades más bellas del mundo a través de tomas monocromáticas llenas de elegancia y poética, con un uso maestro del contraste, de esa especie de lucha entre luces y sombras en las que las líneas  y volúmenes arquitectónicos parecen aislar e imponerse una solitaria y diminuta figura humana.

Gabriele enmascara el caos urbano, lo esconde tras profundas sombras y guía nuestros ojos por realidades fragmentadas a través de la luz.

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Foto: Gabriele Croppi

Este trabajo, con claras influencias de fotógrafos como Ray Metzker y una estética muy del estilo de grandes películas como ‘La noche del cazador’, le ha proporcionado reconocimiento y prestigiosos premios,  pero también ha eclipsado el resto de la obra de Croppi, un fotógrafo prolífico cuyo imaginario es mucho más amplio que su reinterpretación del paisaje urbano y cuya curiosidad y ganas de experimentar con la imagen estableciendo un continuo diálogo con el observador le han llevado a lugares tan poco urbanos como la selva del Amazonas.

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Foto: Gabriele Croppi

Lo llamo ‘metafísica’ porque el  proyecto hace una referencia evidente a una estética muy precisa, la pintura italiana del siglo pasado de pintores como De Chirico, Sironi y Carrà. Desde un punto de vista más poético y contencioso, metafísica significa crear imágenes cuyo significado puede ser completado por aquellos que las observan.

(Pinturas de Giorgio de Chirico)

La metafísica es la posibilidad de ir más allá de lo aparentemente real de las cosas, descubriendo o formulando hipótesis de significados y sugerencias que los trascienden. Hay momentos, en el arte y en la vida, en los que lo que llamamos realidad está envuelto en una pátina de misterio que no podemos comprender ni captar.

Hay algo que trasciende todo lo físico que nos rodea. Es una sensación muy difícil de describir pero que ya ha sido magistralmente encarnado por los personajes solitarios de Kafka (creo que, sobre todo, en los primeros capítulos de El Castillo), o representado en algunos cuadros de De Chirico, Magritte y Sironi (tres de sus obras pueden verse en la galería inferior).

El trabajo que mejor describe este sentimiento es Early Sunday Morning, de Edward Hopper.  Podemos comprobar esa sensación si un domingo por la mañana temprano nos damos una vuelta por cualquier ciudad.

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Early Sunday Morning. Autor: Edward Hopper.

‘Shoa e Post memoria’ (fotografía y recuerdo)

Shoa es la palabra hebrea para designar el Holocausto. En este proyecto, Gabriele Croppi viaja por los escenarios que marcaron aquel genocidio, un recorrido por Alemania, Austria y Polonia en el que visita cementerios, campos de concentración y barrios judíos.

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Foto: Gabriele Croppi

 

Shoa es un intento de analizar las razones estéticas, psicológicas y sociológicas que están en la base del recuerdo pasado, es decir, la capacidad de la segunda y tercera generación para revivir un drama que para ellos es extrabiográfico. Se  trata de compensar el vacío fundamental causado por la falta de correspondencia entre las imágenes y la realidad experimentada.

En este caso, las imágenes asumen una fuerza simbólica e icónica de rastros que se remontan (a través de un progreso de compensación) a un índice de ideas e imágenes sedimentarias en el tiempo, tanto en la memoria colectiva como individual.

Este proyecto está íntimamente ligado a la concepción que de la fotografía tiene el propio autor, y a esa figura del observador activo siempre presente en el trabajo de Croppi.

Me gusta pensar que la imagen no agota su significado intrínseco sino que continúa reconstruyéndose a través de la colaboración del observador.

Siempre me ha fascinado la complejidad interna de las imágenes porque pueden leerse de formas muy diferentes y tener múltiples significados, que muchas veces van más allá del objeto representado.

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Foto: Gabriele Croppi

Me interesa muchísimo esa complejidad de significados porque muchas veces es el resultado de la combinación de diferentes elementos. No se trata sólo de la intención del fotógrafo, ni de la explicación de la propia imagen; se trata también de la interpretación personal del propio observador y de la influencia del contexto histórico y geográfico. La combinación de esos elementos da a cada imagen diferentes interpretaciones.

Buscar diferentes significados es una actitud profundamente enraizada en la cultura europea, esa tendencia a mirar más allá del significado literal es parte de nuestra tradición religiosa. Sólo hay que echar un vistazo a nuestra literatura: el propio Dante, en “La Divina Comedia” sugiere cuatro formas diferentes de leer un mismo texto.

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Foto: Gabriele Croppi

Es la diferencia entre la crítica europea y la del resto del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, consideran a Edward Hopper un pintor esencialmente realista, mientras que en Europa se mira más a su lado metafísico.

Creo que esta forma de interpretar las cosas nos da libertad, nos libera de la realidad dada.

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Foto: Gabriele Croppi

 

‘Fughe’, homenaje a Fernando Pessoa (fotografía y literatura)

Siempre he interpretado el uso de la paradoja como un acto extremo de buscar la libertad. La frase es del propio Gabriele Croppi. En uno de sus trabajos, en el que establece un diálogo fotográfico con la obra poética de Fernando Pessoa, las fotografías de Croppi  van salpicadas de frases del célebre escritor y poeta portugués.

La propia obra y la metafísica de Croppi parecen casar a la perfección con las palabras de Pessoa.

“Queda siempre a este lado del ver bien/ Hasta qué extremo es ilusión el sueño/ Y hasta qué punto el propio pensamiento más profundo / Se engaña en la desilusión falaz/ Y en el desengañarse de sí mismo.” (Fernando Pessoa en ‘Máscaras y Paradojas’)

https://vimeo.com/38980033

Comencé a pintar con 14 años, pero mi interés siempre ha sido multidisciplinar. Eso me ha llevado a combinar la fotografía con otras artes, especialmente la pintura, pero también la poesía, el cine y recientemente la arquitectura. Esta ampliación de mi visión a otras artes es una constante en mi camino, por eso mis fuentes de inspiración casi siempre son extra fotográficas.

Desde el punto de vista estético y poético es la presencia humana la que da sentido a esa dimensión metafísica que busco en mis obras. Se trata de ver la relación dialéctica con las formas arquitectónicas pero también, de manera más independiente, de la misteriosa fascinación y del potencial narrativo que contienen los personajes de mis imágenes.

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Foto: Gabriele Croppi

Intento siempre no revelar, no imponer significados, sino sugerirlos y crear las condiciones para favorecer una contribución externa, la del observador, que forme una historia, un significado, una pregunta.

Creo que en todo ésto hay un gran componente de humanidad; que yo, como artista, extiendo una mano hacia el exterior y que alguien recoge esta propuesta a través de su propia subjetividad, su imaginación y sus antecedentes culturales.

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Foto: Gabriele Croppi

‘Visioni’ (fotografía y cine) 

‘Visioni’ es un proyecto que nace de la reinterpretación que Gabriele Croppi hace de clásicos del cine como ‘Metrópolis’ (película de ciencia ficción dirigida por Fritz Lang en 1927 y considerada uno de los mejores exponentes del expresionismo alemán), ‘Ciudadano Kane’ (dirigida por Orson Welles en 1941 y que fue vanguardista en su fotografía, su música y estructura narrativa), ‘El cielo sobre Berlín’ (de Win Wenders, filmada en 1987 y recordada por su combinación de planos sepia y de color y por el peso que la arquitectura tiene en su estética), y ‘Stalker’ (conocida como ‘La zona’ en español, película de  ciencia ficción dirigida por Andrei Tarkovski y que se caracteriza por sus tomas largas y muy elaboradas, y por unos diálogos filosóficos que incluyen poemas).

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‘Visioni’ (Metrópolis). Foto: Gabriele Croppi

A través de las imágenes borrosas, casi oníricas, de ‘Visioni’, Croppi establece un diálogo personal entre fotografía y cine, pero con una selección de películas que no es en absoluto aleatoria: arte expresionista, vanguardismo, arquitectura, poesía y filosofía atraviesan en algún momento cada uno de los largometrajes citados. Los contextos artísticos, los tiempos y la geografía vuelven a proponer un juego de visionado e interpretación activa en el que el observador no puede ser pasivo.

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‘Visioni’ (Ciudadano Kane). Foto: Gabriele Croppi

La fotografía tiene una temporalidad particular que consiste en registrar una fracción de tiempo que, en la mayoría de los casos, es imperceptible para el hombre. Se podría decir, para simplificar, que la fotografía está ligada a coordenadas espacio-temporales precisas, pero esta es solo una de las perspectivas posibles.

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‘Visioni’ (El cielo sobre Berlín). Foto: Gabriele Croppi

Si damos un paso atrás y consideramos, una vez más, al fotógrafo como un objeto de comunicación y no como un algo cerrado en sí mismo, y al mismo tiempo nos abrimos a la contribución del observador, descubrimos que cada imagen tiene un potencial de infinitas soluciones espaciales y temporales: siempre hay un “antes” y  un “después” de la acción atrapada en el encuadre. Ese es el momento del observador, de quien imagina, y ese momento es indispensable para completar el significado de algunas obras.

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‘Visioni’ (Metrópolis). Foto: Gabriele Croppi

En este sentido, rechazo totalmente cualquier clase de concepción realista y objetivadora de la fotografía. Habrá quien piense que soy un realista, un pesimista o presa del desencanto.

Lo que me gustaría aclarar es que mi convicción, sea correcta o incorrecta, no afecta al tema de la efectividad social de la fotografía. La fotografía es y será siempre efectiva a nivel social.

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‘Visioni’ (La zona). Foto: Gabriele Croppi

 

‘Fiume Grande’

‘Fiume Grande’ es uno de los últimos proyectos de Croppi, y quizá, por menos urbano, el más diferente de todos. En él, el italiano huye del que es su hábitat natural, el de las grandes urbes, y se sumerge en la selva amazónica. Desde diciembre de 2016 a marzo de 2017 Croppi recorre el río Amazonas desde su nacimiento hasta su desembocadura, en busca de los garimpeiros, los buscadores de oro que aún persiguen el viejo mito de El Dorado.

Croppi huye de las rutas turísticas habituales, mochila al hombro, y duerme en tiendas de campaña improvisadas y en las casas de los propios  indígenas que se va encontrando en su camino para ofrecer una visión diferente del universo amazónico.

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Foto: Gabriele Croppi

Fiel a su ideario, el italiano reconvierte los colores en luz y sombra para interpelar al observador, que se encuentra un Amazonas diferente, en blanco y negro, alejado del ideario tradicional (y turístico) de explosión colorista. Estamos, de nuevo, ante esa metafísica de la imagen tan propia este fotógrafo.

La luz del Amazonas no es muy adecuada para mi forma de trabajar. Necesito unas condiciones muy concretas, es decir, un cielo soleado y muy claro que la humedad propia de ese tipo de latitudes rara vez permite. En resumen, para fotografiar prefiero ciudades como Nueva York o la propia Manaos.

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Foto: Gabriele Croppi

Pero el hecho de que un tema sea menos fotografiable que otro no significa que sea menos interesante, al contrario. En la Amazonía hay un escenario monótono en el que abundan las gradaciones infinitas de dos colores, verde y azul, pero que esconden un mundo complejo y misterioso, el de la selva virgen.

Esta monotonía de color constituye un fondo homogéneo en el que de repente destacan manchas de color vibrantes: recuerdo, por ejemplo, la emoción que sentí el día en el que estando en la selva vi volar por primera vez a dos ejemplares de Guacamayo cuyas coloridas flores las usan los indígenas para embellecer sus cuerpos y sus ropas.

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Foto: Gabriele Croppi

El paisaje amazónico tiene muchas caras. Cuando navegas el río el paisaje es bastante monótono; durante miles de kilómetros sólo ves el cielo, el agua y la vegetación. Pero esa monotonía se traduce en tiempo, un tiempo precioso para dedicarnos a navegar por ese otro paisaje que llevamos dentro de nosotros y que la agitada vida diaria nos impide completar en su plenitud.

Luego está el paisaje de los pueblos, con sus casetas de madera, sus caminos de tierra, una iglesia acá, un bar allá, una pequeña tienda polvorienta que vende un poco de todo, desde machetes a pólvora o botellas de cachaça.

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Foto: Gabriele Croppi

También te encuentras con el panorama contradictorio de ciudades como Belém o Manaos, lugares hostiles para indios y caboclos (mestizos) de toda la región y caldo de cultivo para compañías multinacionales que se benefician de su fiscalidad ventajosa.

Y por último está la cara más misteriosa de esta región y la más aventurera, la de la propia selva, un lugar impredecible con sus afluentes y sus pequeñas comunidades indígenas, los últimos buscadores de oro.

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Foto: Gabriele Croppi

 

La importancia del observador en la obra de Croppi es evidente. Sin él no hay diálogo, no hay metafísica, no hay respuesta. Por eso, el tema de la efectividad e influencia social del medio fotográfico es también vital en el discurso del italiano:

El acto fotográfico (como cualquier acto humano) es, al mismo tiempo, “causa” y “efecto” de otros actos y otros fenómenos. Por lo tanto, es lógico que el compromiso social del fotógrafo tenga repercusiones (relevantes, irrelevantes, directas, indirectas) en la sociedad en la que está inspirado y a la que se dirige.

Pero este no es el problema, el problema es otro, de tipo moral y semántico: la suposición de que “la efectividad social” de la fotografía debe necesariamente tener que ver con la categoría moral del “bien”, y que tal acto es una representación objetiva (un “documento”)  de la realidad en la que el fotógrafo (el ser humano limitado por coordenadas espacio-temporales) se encuentra trabajando.

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Foto: Gabriele Croppi

Estas son premisas y expectativas engañosas, negadas a diario por la realidad en la que vivimos, una realidad en la que la explotación en el uso de las imágenes se ha convertido en la regla. Y ante tal explotación (más allá de la ética y la moral que la generan), uno no puede negar una eficacia (e influencia) social evidente.

Naturalmente, esta toma de conciencia no desvirtúa las buenas intenciones de quienes trabajan y se comprometen, mediante el uso de la fotografía, a mejorar la sociedad en la que vive y denunciar los aspectos que considera negativos. Pero hay un problema, que es formal y se refiere a la “manera” de este enfoque, a  menudo universalizante y objetivador.

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Foto: Gabriele Croppi

A partir de estas observaciones, espero volver al uso (desafortunadamente desaparecido) de la “primera persona del singular”, y una reducción de las ambiciones de significado de sus experiencias. Experiencias subjetivas, interpretables, más o menos compartidas. Pero sobre todo cambiantes, en el espacio (en la confrontación abierta con diferentes interlocutores, testigos de diferentes culturas, experiencias, ideales) y en el tiempo, para que ninguna idea, ninguna observación y experiencia se conviertan en objeto de culto, para que todo pueda ser cuestionado en nombre de la complejidad, de la mutabilidad y la perfectibilidad del hombre y de la vida.

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Foto: Gabriele Croppi

Mi objetivo es afrontar todo lo que hago con el mismo entusiasmo y la misma libertad con la que ejerzo la fotografía. Me gustaría mucho cambiar mi enfoque individualista y buscar colaboraciones e intercambios de pensamiento como sucede en otras disciplinas como la música, la danza, el teatro y el cine. Y me gustaría experimentar con proyectos de artistas que trabajan en otros campos, pero siempre con total libertad, tal y  como hacían en las sesiones improvisadas de jazz  de los años 20.

*Las palabras de Gabriele Croppi están tomadas de diversos videos y entrevistas, disponibles todos ellos online,

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