Josef Koudelka (Boskovice, República Checa, 1938) comenzó a fotografiar ‘Gitanos‘ en 1962, documentando con su cámara la vida de las comunidades romaníes de Bohemia, Moravia, Eslovaquia, Rumania, Hungría, Francia y España.  Su proyecto se prolongó durante ocho años.

El resultado fue un trabajo documental que ha marcado un hito en la historia, una referencia ineludible para todo amante de la fotografía en general y del género documental en particular.

Muchos son los análisis que de este libro podemos encontrar en Internet. A mí me gustan especialmente el de Jota Barros en su blog Rubixephoto (Libro de fotografía: Gitanos, Josef Koudelka) y el de Erik Kim (Book review: Gypsies, by Joseph Koudelka), ambos muy completos, visuales y fáciles de leer.

CZECHOSLOVAKIA. Slovakia. Okres Roznava. 1969. Gypsies.

Foto: Josef Koudelka

Por eso he querido hacer algo diferente y dejar que sea el propio Koudelka quien hable de su obra. El resultado es un relato en primera persona en el que el fotógrafo checo cuenta las claves de un trabajo que, 42 años después de su primera publicación, sigue conmoviendo y maravillando a todo aquel que lo ve:

Soy una persona intuitiva. La gente suele preguntarme por qué fotografié a los gitanos. Nunca lo he sabido y no estoy especialmente interesado en saberlo. Empecé a fotografiarlos y no pude parar. No sabía por qué les hacía fotos, pero sí que estaba construyendo algo y que tenía que abarcarlo todo.

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Foto: Josef Koudelka

Obviamente, acabas desarrollando una relación con la gente que fotografías. Durante ocho años, visité muchas poblaciones diferentes. Los gitanos son los exiliados por naturaleza.

Me encantaba la música gitana y eso fue lo que más me ayudó a la hora de relacionarme con ellos. Llevaba conmigo una vieja grabadora y grababa las canciones que oía. Creo que eso contribuyó a ganarme su confianza.

Se dieron cuenta de que, si me gustaba su música, podrían gustarme otras cosas. No fue difícil relacionarme con ellos, y además les daba mis fotos.

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Foto: Josef Koudelka

Conectamos bien porque ellos se parecían a mí en muchas cosas. Llevaba 17 años sin pagar un alquiler y los gitanos sentían lástima por mí porque pensaban que era más pobre que ellos. Por las noches, ellos dormían en sus caravanas y yo era el tipo que dormía a la intemperie, bajo el cielo.

Cuando yo era pequeño, en mi pueblo no había ni gitanos ni judíos, llegué a ellos a través de la música folclórica y creo que fue la música lo que me hizo seguir. Empecé a fotografiarlos, usaba mi grabadora y veían mi interés. Pero mi trabajo no era documental, los gitanos no son solo como se ven en mis fotos, esa es mi visión de ellos. Lo que sí tenía claro es que no quería perjudicarlos. Ellos no estaban en el sistema, pero tampoco luchaban por la libertad, peleaban por sobrevivir. ¡No imaginas la cantidad de animales en mal estado que comí! 

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Foto: Josef Koudelka

Yo no soy de esos que quieren cambiar el mundo, aunque me encantaría contribuir a ello, sin duda. Recuerdo que cuando publiqué ‘Gitanos’ me sentí como una prostituta porque, de repente, todo el que tenía dinero podía comprarlo. Yo quería poder escoger a la gente que viera mis fotografías. Esto me viene de cuando vivía en Checoslovaquia, porque sabía que allí mis fotografías no importaban.

El caso es que no pude ayudar a mis gitanos. Sólo por fotografiarlos ya iba a tener problemas con el Gobierno checoslovaco, porque no querían que se hablase de los gitanos.

CZECHOSLOVAKIA. Slovakia. Svinia. 1966. Gypsies.

Foto: Josef Koudelka

El gitano, en la Checoslovaquia de los años sesenta, era ‘el otro’ por excelencia, el rechazado, el no aceptado, el sospechoso, el no asimilado, el supuesto mentiroso, el ladrón… todo al mismo tiempo.

A la gente no suele gustarle estar con ellos, pero les encanta verles retratados. Es un hecho. Me permitieron entrar en sus vidas porque yo siempre me he presentado como uno de los suyos. Así pude tomar imágenes en sus reuniones más íntimas y dolorosas como un funeral, o mostrar sus rostros mientras charlaban de sus asuntos. Nunca me rechazaron.

CZECHOSLOVAKIA. Slovakia. Velka Lomnica. 1966. Gypsies.

Foto: Josef Koudelka

Fotografié ‘Gitanos’ con grandes angulares. Los compré por casualidad, me los vendió una viuda que se estaba deshaciendo de un montón de cosas. Esos objetivos cambiaron mi forma de ver.

Mi cámara era una Exakta, con un Flektogon de 25 milímetros y apertura F4. Disparé sobre todo en interiores, casi siempre a una velocidad de 1/30. Usaba una película East German de 400 ASA y la llevaba el límite en el proceso de revelado; a veces, hasta los 3.200 ASA.

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Foto: Josef Koudelka

Los negativos tenían tal densidad que cuando expuse ‘Gitanos’ por primera vez hice una segunda copia de los negativos, así que los archivos que hay en Magnum se imprimieron a partir de la copia del negativo.

Cuando le mostré mis fotos de ‘Gitanos’ a Cartier-Bresson me dijo que tenía ojo de pintor, pero me advirtió de que podía perderlo y que debía mantenerme alejado del fotoperiodismo. Él tuvo una enorme importancia para mí, aunque no me influyó fotográficamente, lo que hizo fue enseñarme la ética de la vida y de la fotografía.  Con él aprendí cuándo decir sí y cuándo decir no.

CZECHOSLOVAKIA. Slovakia. Velka Lomnica. 1963. Gypsies.

Foto: Josef Koudelka

Yo no crecí viendo cine americano como muchos fotógrafos. Vengo de un pueblo pequeño y nunca estuve fascinado por los Estados Unidos. Pero recuerdo haber visto fotografías de la Farm Security Administration y sentirme profundamente conmovido. No era por el estilo de las fotos, sino por el objeto. Y creo que sucede algo parecido con ‘Gitanos’.

Una amiga mía, una eslovaca que vivía cerca de los gitanos, vio mi libro y me dijo que nunca se había dado cuenta de que los gitanos fueran tan guapos. Esa es la clave: todos miramos a nuestro alrededor, pero no todos vemos.

CZECHOSLOVAKIA. Slovakia. Velka Lomnica. 1966. Gypsies.

Foto: Josef Koudelka

‘Gitanos’ es un trabajo de más de ocho años y siempre que se expone reviso la selección. Cuando una fotografía ya no me interesa y descubro otra, hago el cambio. Es el mismo proceso que inicié en 1964, cuando preparé mi primera exposición. Entonces vivía en un cuarto pequeño y tenía la pared cubierta de fotografías; eso me permitía imaginar distintas maneras de ordenarlas. Para mí, una buena fotografía era aquella con la que yo podía vivir.

*Las palabras de Josef Koudelka son extractos de diferentes entrevistas realizadas al autor, en inglés y español, disponibles todas ellas online.

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