Aunque pueda parecer extraño, Henri Cartier-Bresson no era muy amigo de hablar sobre fotografía ni sobre sus fotos. “No me interesa hablar de fotografía. ¡Pintura, pintura, pintura! Para mí solo existe eso” y “no hay que hablar del propio trabajo; si no, uno acaba convirtiéndose en crítico de arte” dijo el francés en alguna ocasión cuando le preguntaron por esta reticencia.

Esas y otras razones, como la de evitar ser reconocido cuando estaba en la calle haciendo fotos, le llevaron a conceder pocas entrevistas y a mostrarse huidizo ante los medios.  Eso no evitó, sin embargo, que en una de esas pocas entrevistas, el gran fotógrafo francés, un tipo por lo general bastante diplomático, dedicara palabras poco afortunadas a varios compañeros de profesión que horas después decidió, o se vio obligado, a matizar.

En una entrevista publicada el 5 de septiembre de 1974 en el prestigioso periódico Le Monde, Cartier-Bresson hablaba así cuando le preguntaban por los fotógrafos que escenificaban o preparaban sus fotos frente a los que las capturaban escenas espontáneas:

Todas esas imágenes posadas, puestas en escena, sin el menor sentido de la forma, de la dialéctica, herederas de la moda y la publicidad, las fotografías de (Richard) Avedon, de (Jean Pierre) Sudre, de David Hamilton, de Diane Arbus, de Duane Michals, los trabajos recientes de Bruce Davidson y qué sé yo quién más. Sus autores me interesan desde un punto de vista sociológico y político, pues representan la culminación y el desarrollo de cierto mundo a la norteamericana, un mundo que se precipita en el vacío. Por desgracia, no revolucionan nada, se han integrado en esa sociedad en extinción. Se parecen a ese mundo sin sexo, sin sensualidad, sin amor. Escatólogos y coprófagos, fotografían sus angustias, sus neurosis.

Al día siguiente de la publicación de la entrevista, Cartier-Bresson escribió a Le Monde para matizar sus palabras. 24 horas después, el periódico publicó la siguiente nota:

El señor Cartier-Bresson nos comunica que en la entrevista concedida a Yves Bourde (Le Monde, 5 de septiembre) debe leerse: ‘A Avedon y David Hamilton no puede negárseles una profunda atención por la forma, y las preocupaciones de Duane Michals y Bruce Davidson no tienen nada que ver con la moda y la publicidad, y menos todavía las de Sudre y Diane Arbus’.

NOTA: Esta anécdota y las dos citas del primer párrafo están sacadas del libro ‘Ver es un todo. Entrevistas y Conversaciones 1951-1998′.

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