Jonas Bendiksen llegó a Rusia en 1998, con apenas 20 años, desde su Noruega natal. Expulsado dos años después por lo que definieron como un “problema administrativo”, pasó los siguientes cinco años explorando y documentando la vida en de las llamadas “repúblicas satélite” de la extinta Unión Soviética.

La de república o estado satélite es una denominación un tanto peyorativa que se le da en política internacional a cualquier estado que, aun siendo nominalmente independiente y reconocido por otros, en la práctica se encuentra bajo dominio político o ideológico de alguna potencia.

En el caso de Bendiksen, su viaje incluía los estados satélite nacidos tras la desintegración de la URSS. Concretamente, su periplo incluía lugares tan desconocidos para nosotros como Transnistria, una república de Europa del Este cercana a Moldavia; Abjasia, un país no reconocido en el Mar Negro; el valle de Ferghana, de perfil religioso y muy conservador, en Asia Central; las zonas entre Rusia y Kazajistán en las que habitualmente caen las naves espaciales, y la Región Autónoma Judía del Extremo Oriente de Rusia.

Jonas Bendiksen, ‘Satellites’

Paré en todos esos lugares que, sobre el papel, podríamos decir que no existen. Entre ellas hay repúblicas separatistas como Transnistria y Abjasia, que existen físicamente (tienen sus propias fronteras y gobiernos) pero que no están oficialmente reconocidas. Estos lugares son, por así decirlo algunos de los asuntos pendientes de la desintegración soviética. Esa situación se convirtió en mi viaje.

Y fue, precisamente, en uno de esos lugares donde el fotógrafo de Magnum se tropezó con una escena única, el resultado de una combinación de factores que dieron lugar a una imagen tan diferente y estéticamente única que parece sacada de un cuento.

Jonas Bendiksen, ‘Satellites’

Estaba viajando e intentando encontrar personas que vivieran en esta zona donde suelen caer los cohetes espaciales y documentar la vida de estas personas que buscan los restos de estos cohetes para vender los restos como chatarra.

Lo cierto es que algunos lugareños se quejaban de problemas de salud y enfermedades misteriosas supuestamente derivadas de los choques de cohetes, pero otros ganaban mucho dinero vendiendo esa valiosa basura espacial de alta calidad.

Un día, conducía solo en mi Jeep, buscando un aterrizaje reciente del que había oído hablar, y mientras avanzaba parecía haberse puesto a nevar, había unas cosas blancas que caían en el parabrisas, pero estábamos en mitad del verano así que no podía tratarse de nieve. Me llevó unos segundos darme cuenta de que estaba rodeado de millones de mariposas blancas. Nunca había visto nada igual, era una situación mágica.

Foto sacada por Bendiksen a continuación de la famosa imagen

Te encuentras con esta situación inesperada; tienes la nube de mariposas, el cohete, los granjeros jóvenes, creo que agricultores locales, que están sacando alambre de cobre del casco de una nave espacial Soyuz, esa borrasca tormentosa de fondo, con esas nubes oscuras en el cielo, el sol que estaba empezando a ocultarse… Era la confluencia perfecta de diferentes elementos.

Lo curioso es que cuando ahora miro mi hoja de contactos y me quedo atónito porque en aquel momento no me di cuenta de que la situación era realmente única, surrealista y extraña. Toda esa escena con el cohete, las mariposas, el cielo… utilicé medio carrete para fotografiar la escena, y desde ese mismo ángulo desde el que está tomada la foto definitiva hice tres disparos.

Hoja de contactos de Jonas Bendiksen

Hoy en día me parece impensable que aquello me sucediera a mí. Pensaba que sabría reconocer en el momento esa escena única, lo extraordinaria que era, pero lo cierto es que cuando estaba allí todo aquello me parecía normal.

Lo cierto es que en aquel momento no pensé que esta sería una gran imagen. Creo que simplemente me tropecé con aquella escena y todo fue cuestión de suerte en lugar del resultado de mi talento y conocimientos. Como ya he dicho, la hoja de contactos muestra que tomé tres imágenes en total desde este ángulo, aunque la escena duró un tiempo. Si hoy día me encontrara con una escena así, supongo que me daría cuenta de lo especial de ese momento y que habría hecho bastantes fotos más. Pero, por otro lado, pienso que, quizá, cuando trabajábamos habitualmente en analógico, éramos mejores fotógrafos y confiábamos más en nuestros instintos y en esperar al momento adecuado.

La foto la hice en la zona de Altái, en Rusia, justo al norte de la frontera con Kazajstán, en el año 2000. Fue tomada con un teleobjetivo de tamaño mediano, que es lo que hace que las mariposas se compriman y parezcan puntos blancos difusos fuera de foco. Pero en algunas de las que están más lejos puede verse cómo baten las alas.

Definitivamente estoy feliz con esta foto, estaría mal que me quejara de cualquier detalle. Pero, una vez dicho eso, recuerdo que fuera del encuadre había un tercer tipo que iba a caballo. ¡A la foto le hubiera venido bien un tipo a caballo en alguna parte! O tal vez hubiera sido excesivo. De todos modos, hubiera sido divertido haberlo tenido en la imagen.

Otra de las tomas de la escena captada por Jonas Bendiksen

Recuerdo que poco después de hacer esta foto hubo una gran fiesta. Todos los recolectores de chatarra y los lugareños se reunieron en el río, muy cerca de la chatarra. Mucha comida, ensaladas, bocadillos y bastante alcohol. Si no lo hubiera estado haciendo fotos, creo que hubiera estado estaría acostado en la hierba junto a la orilla del río, comiendo un gran y jugoso trozo de sandía.

La fotografía, sin embargo, con su belleza estética y su atmósfera de cuento infantil, oculta la difícil realidad cotidiana de los habitantes de esa región, una realidad que Bendiksen pudo observar durante su estancia en la zona.

Se podría decir que todas estas personas viven bajo presión, en el sentido de que la vida en estos lugares es difícil, económicamente hablando. Incluso hoy en día viven algo aislados del resto del mundo; no es fácil viajar desde allí y son lugares en los que es muy complicado ganarse la vida. Además, son territorios muy diferentes entre sí, pese a estar físicamente cerca unos de los otros, y cada uno tiene su propio carácter único.

Jonas Bendiksen, ‘Satellites’

Bendiksen es un fotógrafo que siempre ha estado muy alejado del estereotipo de fotógrafo de Magnum, el de fotoperiodista de guerra. Sus historias también tratan muchas veces de conflictos, pero son más de corte social e identitario, algo que concede a su trabajo un factor diferencial y único.

Se podría decir que trabajar en zonas de conflicto nunca ha encajado en mi vida.  Fui padre con 24 años. Así que durante gran parte de mi carrera he sido eso, padre, y para mí nunca ha tenido ningún sentido ser ese tipo que viaja allá donde están cayendo bombas. Y creo, además, que hay muchos temas interesantes que analizar en todo el mundo. Hay tantas otras fuerzas y presiones que actúan sobre los seres humanos en todo el mundo y que crean tantas situaciones fascinantes y complejas…

Jonas Bendiksen, ‘Satellites’

No tengo duda de que hay lugares para que alguien que no va a zonas de conflicto haga un trabajo interesante. Por eso, el tema de la guerra nunca ha estado en mi agenda. No estoy muy seguro de por qué, pero siempre me siento más satisfecho cuando cuento historias en las que me siento un poco solo, abandonado, historias que no todos persiguen. Eso me ha llevado a trabajar en proyectos que están un poco fuera de los grandes medios, de las portadas y los titulares; historias más pequeñas. Puede que no sean tan dramáticos y atractivas como algunas de esas otras a las que estamos acostumbrados, pero para mí esa ha sido siempre la forma más satisfactoria de trabajar. Siento que estoy aportando algo al involucrarme en una historia que de otra manera no habría recibido apenas atención.

Una de las recompensas de esa apuesta de moverse por otros caminos y de ir buscando otras realidades lejanas y olvidadas por los focos de los grandes medios es, sin duda, conseguir imágenes tan especiales y únicas como la de los dos jóvenes granjeros extrayendo cobre de los restos de un cohete espacial rodeados de millones de mariposas blancas.

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