Hace unas semanas me topé con un artículo sobre cómo había evolucionado los cánones de belleza femeninos a lo largo de las décadas y los siglos, y cómo, fuera cual fuera el ideal de belleza, esos cánones arbitrariamente establecidos habían servido para discriminar, oprimir y censurar a muchas mujeres. Mientras lo leía, me vinieron a la cabeza unas palabras de Peter Lindbergh en las que hablaba de la responsabilidad de los fotógrafos sobre la imagen que de la mujer se proyecta en nuestra sociedad y lo mucho que me llamó la atención, la primera vez que las leí, el hecho de que un reputado fotógrafo de moda arremetiera como él lo hacía contra el destructivo binomio belleza-perfección imperante en nuestros días.

Puede que suena a paradoja, pero fue precisamente Peter Lindbergh quien lanzó a las supermodelos de los 90, y lo hizo, además, fotografiándolas juntas, sin maquillaje, con unas simples camisas blancas y en actitud relajada, divertida… Es decir, con una imagen de lo más natural. Fue su respuesta al encargo de una famosa revista de moda: fotografiar a la que él considerara que era mujer de la década. Su respuesta fue que mujeres había muchas, diferentes y hermosas todas, y no solo una. E hizo la ya legendaria foto. Fue también el fotógrafo que, saltándose los rígidos cánones del momento, aconsejó a Linda Evangelista cortarse su larga melena. Con ese simple gesto la convirtió en una estrella, en una modelo única. Dicen que la mejor de todas.

Por esos y otros motivos, Peter Lindbergh fue un fotógrafo de moda diferente. Despreciaba la artificiosidad de la belleza y la perfección impuestas por la industria de la moda, el mundo en el que se desarrolló profesionalmente y cuya inhumanidad caprichosa combatió desde dentro, como él sabía, con sus fotos. Demostró, en definitiva, que había otra forma de hacer las cosas y, sobre todo, otra forma de ver y de mirar.

Mientras sus compañeros de profesión se afanaban en convertir a mujeres bellas en diosas inalcanzables, en seres lejanos e irreales, Lindbergh las liberaba de su “personaje” y las hacía más humanas, más cercanas, más reales… e infinitamente más hermosas. Utilizaba una cámara digital, algo que consideraba imperativo en su profesión, la de fotógrafo de moda, y usaba también Photoshop, pero no para “perfilar” rostros y cuerpos o borrar arrugas y marcas de expresión, lo hacía para añadir grano a sus imágenes, “hace que se vean más humanas, más expresivas”.

Con motivo de su repentino fallecimiento en 2019, dediqué a Lindbergh, uno de mis fotógrafos favoritos, el post ‘Adiós a Peter Lindbergh, el fotógrafo que hizo mucho más que cortar el pelo a Linda Evangelista’, poco después, grabé un vídeo sobre su magnífico libro ‘Shadows on the wall’. Hoy, a punto de cumplirse el primer aniversario de su muerte, vuelvo a Lindbergh para compartir su hermoso, certero y sabio alegato en favor de la belleza real de las mujeres. El alemán odiaba las capas de maquillaje y Photoshop que anulaban la personalidad y borraban todo rastro de vida y humanidad en los retratados. No buscaba a la modelo o la actriz que posaba ante su cámara, sino al ser humano único, real y honesto que está ahí, pero que no vemos porque hemos olvidado cómo (ad)mirarlo.

La actriz Julianne Moore

La mayoría de las personas que mandan en las revistas de moda y en publicidad no piensan en el daño que causan. Estando en un programa de televisión, alguien de ese mundo me dijo: “Tenemos que hacer soñar a las mujeres con nuestro trabajo”. Y lo le contesté: “Creo que no entiendes la diferencia entre sueño y pesadilla”.

Hoy en día, las actrices contratan a fotógrafos por mucho dinero, pero luego esas mismas actrices tienen que poner sus nombres en sus fotos porque si no nadie las reconocería. Eso es, cuando menos, extraño.

Odio el retoque en las fotos, odio el maquillaje. No te imaginas la cantidad de mujeres hermosas que me han pedido que les alargue las piernas o que les separe más los ojos… Vivimos en una cultura de locos.

En mis contratos incluyo una cláusula para que nadie puede tocar mis fotografías después de haberlas entregado porque el retoque es algo que las revistas hacen de forma automática. Tienen una idea muy concreta de lo que es la belleza y para seguirla borran todo lo que se desvíe de ella. Es verdad que a veces quito algún grano, pero me niego a afilar las mejillas o a estirar el cuerpo de nadie. De hecho, estoy encantado de ver una pierna real… ¡cubierta de carne! Nos hemos acostumbrado tanto a esos palillos… es horrible, eso ya no son piernas.

Muchos fotógrafos de primera línea no parecen darse cuenta de lo que hacen, ni se sienten responsables de ello. Cuando terminan su trabajo no queda ni rastro de la personalidad de la persona a la que han fotografiado. Eso de lucir joven, sin arrugas ni expresión es realmente aburrido.

La actriz Charlotte Rampling

La parte más importante de la fotografía de moda, para mí, no son las modelos, no es la ropa, sino que tienes que ser consciente de que tú, como fotógrafo, eres el responsable de definir qué es hoy una mujer. Creo que ese es mi trabajo.

Las mujeres son mucho más abiertas y valientes que los hombres. Tienen más agallas y corren más riesgos. Miro a las mujeres como realmente son, quizás esa sea la razón por la que consiguen liberarse de sí mismas frente a mi cámara.

Para mí, un rostro que no sonríe resulta más expresivo, dice mucho más. La desventaja de sonreír es que ese gesto, el de la sonrisa, se apodera de todas las demás expresiones faciales.

La ‘top model’ de los 90, Claudia Schiffer

La belleza se basa principalmente en evitar los trucos, en la simplicidad. Se podría decir que la belleza tiene que ver con lo veraz, con lo honesto.

La industria cosmética nos ha lavado el cerebro a todos. Yo no voy a retocar nada. “Oh, pero parece cansada”, me dicen. “¿Y qué si se ve cansada?”, respondo, “se verá cansada y hermosa”.

Hoy en día, casi todo ha sido retocado y esa perfección tiene aterrorizado y atenazado al mundo entero. Ese afán de perfección es lo más caprichoso que existe. Pero es un arma poderosa hacer que la gente crea que esa imagen, esa perfección, es hermosa. Porque ¿quién no quiere ser hermoso? Yo también quiero serlo, pero cuesta demasiado esfuerzo. El caso es que alguien con poderosos motivos comerciales quiere que creas que la perfección es belleza. Pero la perfección es un insulto.

Mi idea de la belleza nunca ha cambiado. Se trata de tener el coraje de ser uno mismo. La perfección no contribuye a la belleza, es la personalidad la que lo hace.

La actriz Geraldine Chaplin

Hay algo que hace que una mujer sea interesante, algo más que ser joven o anciana. Yo voy a averiguar qué es ese algo y espero hacerlo antes de morir.

Peter Lindbergh murió el 3 de septiembre de 2019 a los 74 años de edad. Era, desde hace décadas, uno de los fotógrafos de moda más queridos, admirados y respetados de la profesión. Viendo sus fotos, creo, sinceramente, que al final no solo averiguó qué era ese “algo” al que se refería en su última cita, sino que además consiguió captarlo con su cámara y mostrarlo al mundo.

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