Siempre digo que yo he llegado tarde a la fotografía. Y es verdad, aunque con matices. Lo cierto es que ha estado presente en mi vida desde que era bien pequeña, ya que mi padre era muy aficionado a sacar diapositivas de nuestra vida diaria y a organizar pequeñas sesiones con un proyector que había en casa. Eran momentos mágicos. Por aquel entonces, antes de Internet, los móviles, las redes sociales y los selfies, verse proyectada en una pantalla a gran tamaño, sobre una pared, me provocaba una sensación muy especial.

Pero la pasión por el hecho fotográfico, por contar y transmitir a través de fotografías, por expresar sentimientos y descubrir las mil y una posibilidades que hay tras ese sencillo “click”, no surgió en mí hasta mucho después, cumplidos ya los 35 años. Pero esa “demora” no la vivo con pesar, ni como una “pérdida de tiempo”. Al contrario. Creo que la fotografía llegó a mi vida cuando tenía que llegar, en un momento vital en el que mi madurez personal, intelectual, académico y cultural me permitió abrirme a ella de una forma que, siendo más joven e inexperta, no me hubiera sido posible. Así que esa demora la siento como un regalo.

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Con la literatura me ha pasado justo lo contrario. De pequeña, recuerdo mirar con envidia tanto a mi madre como a mi padre, grandes lectores ambos, cuando se sentaban a leer aquellas líneas de garabatos para mi ininteligibles (¡y llenas de misterio!) Y en cuanto fui capaz de ir descifrando letras, palabras y frases, me lancé a los libros con un apetito voraz. Tanto, que con 8-9 años, mi lectura favorita eran los libros de Sherlock Holmes escritos por Arthur Conan Doyle. Me gané una para mí incomprensible fama de rara entre mis compañeros y compañeras de clase que no entendían cómo podían gustarme aquellos libros gordos de letra pequeña y apretada… ¡y sin fotos ni dibujos! En mi descargo diré que era también una devoradora de cómics (Mortadelo y Filemón eran mis favoritos) y ahí ya tenía yo mi ración de dibujos e imágenes más que completa.

Por todo lo que os he contado hasta ahora, y por otras razones, ha sido para mí tan especial y satisfactorio encontrar, casi por casualidad, novelas que unen mis dos grandes pasiones: la literatura (y si es con un toque de misterio, mejor que mejor) y la fotografía. Sabía de la existencia de biografías y publicaciones por el estilo, pero no de ficción propiamente dicha.

El punto de partida de todo esto ha sido una casualidad. Durante el programa que dedicamos a las pequeñas librerías de barrio en el podcast de fotografía “El espejo de Vivian y Francesca”, nuestras libreras favoritas, Bea y Vanesa, citaron la novela “Anoxia” de Miguel Ángel Hernández. La compré, la leí y publiqué un pequeño vídeo en Instagram en el que al final preguntaba si alguien conocía más “novelas fotográficas”, como yo las llamo. Para mi sorpresa, fueron muchas y muchos los seguidores que me recomendaron libros que habían leído y les habían gustado, lo que me ha llevado a comprobar, una vez más, que muchos fotógrafos y fotógrafas son también ávidos lectores y lectoras.

Enseguida comprendí que todo esto merecía ser recogido en un post en el que la gente pudiera encontrar una lista de libros en los que la fotografía jugará un papel importante, bien como elemento esencial de la historia o por estar protagonizados por fotógrafos o fotógrafas. Y aquí está dicho post. ¡Quién me iba a decir que iba a escribir uno en el que los libros recomendados no fuesen fotolibros!

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Antes de ir directamente con la lista (que es lo que realmente os interesa, y no el rollo que os estoy soltando), quiero hacer un par de apuntes. Yo no tengo todos los libros de la lista, solo algunos, y a días de hoy, 22 de enero de 2024, solo me ha dado tiempo a leer completos cuatro de ellos (los cuatro primeros de la lista) y de empezar el quinto. Tengo también el sexto y el séptimo, pero me acaban de llegar y deben esperar su turno.

Los enlaces que os incluyo en el título de los libros llevan todos a Amazon, donde podéis comprarlos directamente. Pero mi consejo es que los encarguéis en vuestras librerías favoritas (en Bilbao os recomiendo ‘La Ilusa’ y ‘La Saturnina’, las librerías de Bea y Vanesa, las invitadas al episodio del podcast que os he comentado y que os atenderán de mil amores). La razón de enlazar a Amazon es que, si los compráis ahí, saco un pequeño (muy pequeño) porcentaje de cada venta que me ayuda a sufragar los gastos de mantenimiento del sitio web del blog. Pero la elección, como siempre, es vuestra.

Y ahora sí, vamos con la lista.

“Anoxia”, de Miguel Ángel Hernández

En cierto modo, el libro con el que empezó este fervor por las novelas con la fotografía como protagonista. La curiosa historia de una fotógrafa cuyo estudio fotográfico, que puso en marcha junto a su marido, languidece y a la que una misteriosa llamada hace iniciarse en la fotografía de difuntos.

Otro de los atractivos de su argumento es que asistiremos a cómo la protagonista se inicia en la técnica del colodión. Todo ello magistralmente integrado en una historia de misterio muy bien construida y mejor contada.

Portada de la novela Anoxia e Miguel Ángel Hernández


“El instante de peligro”, de Miguel ángel Hernández

Mi enamoramiento con “Anoxia” me llevó a investigar más en las obras de Miguel Ángel Hernández y a descubrir este “Instante de peligro”, un libro que yo diría que es más fotográfico aún que el anterior y que sencillamente me ha fascinado.

Se trata de una especie de confesión escrita en primera persona que acaba revelándose como una emotiva carta de amor. El protagonista, Martín, que acaba de echar por la borda su carrera académica y cuya vida personal, tras su divorcio de Lara, va rumbo a peor, recibe unas extrañas películas que muestran una sombra inmóvil proyectada sobre un muro en mitad de un bosque. La remitente, la joven artista Anna Morelli, las ha encontrado por azar en un anticuario de New Jersey y pretende utilizarlas para su nuevo proyecto artístico en el Clark Art Institute de Williamstown, institución de la que Martín fue becario hace más de diez años. Lo que Anna le propone no puede ser más atractivo: volver un semestre al Clark para escribir sobre las películas y dotar de historia a unas imágenes sobre las que nada se puede saber.

Bajo esta premisa, Hernández nos cuenta una bellísima historia sobre la memoria de las imágenes y el recuerdo de los momentos vividos. Una obra salpicada de atinadas reflexiones sobre el tiempo, el arte y la fotografía, pero también una exploración de las pasiones del alma, el sexo extraño, las relaciones abiertas y la fluctuación de las emociones.

Para mí, una novela imprescindible.

Portada de la novela "El instante de peligro" de Miguel Ángel Hernández


“El pintor de batallas”, de Arturo Pérez-Reverte

No he leído mucho a Arturo Pérez-Reverte, pero esta novela, publicada en 2006, cayó en mis manos por casualidad hace unos años y me encantó. Curiosamente, este título salió en otro de los episodios de “El espejo de Vivian y Francesca”; concretamente, el programa en el que entrevistamos al fotógrafo JEOSM.

Cuenta la historia de un antiguo fotógrafo que, en una torre frente al Mediterráneo, y en busca de la foto que nunca pudo hacer, pinta un gran fresco circular en la pared: el paisaje intemporal de una batalla. Lo acompañan en la tarea un rostro que regresa del pasado para cobrar una deuda mortal, y la sombra de una mujer desaparecida diez años atrás. En torno a esos tres personajes, Arturo Pérez-Reverte escribe una historia tan intensa como turbadora, que engancha desde el principio.

Portada de la novela El pintor de batallas de Arturo Pérez-Reverte


“El uso de la foto”, de Annie Ernaux

Una novela corta, original y diferente en su premisa y su planteamiento, escrita por la Premio Nobel de 2022, la escritora francesa Annie Ernaux.

Se trata de una historia de amor articulada en torno a 14 fotografías (todas ellas incluidas en el libro) tomadas por la propia Ernaux y por su amante, en un relato marcado por el cáncer de mama de la protagonista.

Me gusta especialmente el protagonismo de las 14 fotos, cómo nos hablan y cómo son interpretadas y descritas por Ernaux y su amante, y cómo en torno a esos bodegones no intencionados, que muestran los restos posteriores a la “tormenta sexual”, la historia se siente más cercana y mucho más rica en matices. 

“A menudo, desde el principio de nuestra relación, me había quedado fascinada descubriendo al despertarme la mesa con los restos de la cena, las sillas desplazadas, nuestra ropa mezclada, tirada por el suelo en cualquier lado la víspera por la noche al hacer el amor. Era un paisaje diferente cada vez. Me pregunto por qué la idea de fotografiarlo no se me ocurrió antes. Ni por qué nunca se lo propuse a ningún hombre. Quizá creyera que había en ello algo vagamente vergonzante, o indigno. A lo mejor, también, es porque solo podía hacerlo con aquel hombre en aquel periodo de mi vida.”

Portada de la novela El uso de la foto de Annie Ernaux


“Suave caricia: las muchas vidas de Amory Clay”, de William Boyd

Escribo este post cuando llevo leído un tercio de esta estupenda novela. Una lectura que me cuesta soltar cada vez que me sumerjo en ella, por muchas razones. Las más importantes: el estilo sencillo, directo y cómplice de Boyd, la adictiva personalidad de su protagonista, la fotógrafa Amory Clay, las fotografías que, de vez en cuando, aparecen en mitad de relato, que es ficticio, pero al que dotan de una sensación de realidad que lo hacen aún más atractivo. Y el privilegio de acompañar a la deliciosa Amory desde su nacimiento hasta su muerte.

Nacida en la Inglaterra de principios del siglo XX, Amory Clay crece con la permanente ausencia de su padre, quien lucha en la Primera Guerra Mundial. Su tío Greville, un apasionado fotógrafo, le proporciona el vínculo emocional que necesita y le regala su primera cámara, sin saber que ese inocente presente determinará su futuro. Tras su abrupta salida del internado Amory se dirige a Londres, donde se convertirá en la aprendiza de Greville y trabajará fotografiando a la alta sociedad para la revista Beau Monde. En busca de nuevas emociones se desplaza al loco Berlín de los años veinte, al apasionante Nueva York de los treinta, vive de primera mano las protestas de los camisas negras de Londres y la Segunda Guerra Mundial en París, convirtiéndose en una de las primeras fotógrafas bélicas.

La cita del explorador Jean-Baptiste Charbonneau que abre el libro es simplemente maravillosa: ”Dure lo que dure vuestra estancia en este pequeño planeta, tanto da lo que ocurra en ella, lo más importante es sentir -de vez en cuando- la suave caricia de la vida”.

Portada de la novela Suave caricia la muchas vidas de Amory Clay de William Boyd


Los títulos que incluyo de aquí y hasta el final, corresponden a libros recomendados por mis seguidores y seguidoras de Instagram pero que yo, a día de hoy, no he tenido tiempo de leer, por lo que no puedo daros una opinión personal sobre los mismos.


“Ausencias”, de Carlos Saura

Un libro que no sabía ni que existía, aunque sí que conocía la pasión del gran Carlos Saura por la fotografía. Se trata de una de esas novelas que lo tiene todo para gustarme: un autor apasionado por la fotografía, una historia de misterio y un nudo argumental en el que se integran perfectamente referencias a grandes nombres del universo fotográfico.

El texto de contraportada me hace desear que el momento de comenzar su lectura llegue cuanto antes. De momento, espera su turno en mi mesita de noche.

“Como una pesadilla dentro de otros sueños, esta aportación literaria imprescindible acerca de la pasión de la fotografía nos propone una serie de preguntas inquietantes: ¿Qué se veía en la hoja arrancada? ¿Tantas coincidencias responden solo a delirios de un enfermo? ¿Por qué una serie de crímenes se relacionan con nombres clave del arte de la fotografía? Carlos Saura nos ofrece en esta novela un sobrecogedor juego laberíntico que borra las fronteras entre «realidad» y ficción. El libro incluye, como primicia exclusiva, veintisiete dibujos de cámaras fotográficas elementos fundamentales en la intriga de la obra realizados por el propio autor.”

Portada de la novela Ausencias de Carlos Saura


“Un hombre que hacía retratos”, de Daniel Isaacs

Esta novela es prácticamente imposible de conseguir. De hecho, pese a habérmela topado en una de mis innumerables búsquedas en Internet, la descarté precisamente por eso, por no poder hacerme con ella y leerla. Pero el azar tiene cosas increíbles y la casualidad quiso que, cuando pedí que me recomendaran novelas fotográficas, el autor de un fotolibro que me había llegado esa misma mañana me escribiera diciéndome que él mismo había escrito una novela de esas características, pero bajo pseudónimo. Esa novela era “El hombre que hacía retratos”, y el nombre de su autor, un pseudónimo creado con el segundo nombre y segundo apellido del fotógrafo argentino afincado en Milán Patricio Reig.

Os reproduzco el texto de la contraportada:

Sin salir de su asombro, Tarak tocó por primera vez una máquina para hacer fotografías. Todo había comenzado para él. Tenía diecinueve años.

“En la India de mediados del siglo XIX, en pleno dominio británico, un joven dibujante nativo llamado Tarak descubre por casualidad el arte de la fotografía a través del inglés David Douglas, que se dirige a la ciudad de Shimla para abrir uno de los primeros estudios fotográficos del país asiático.

Maravillado con las posibilidades expresivas de la nueva profesión, Tarak encuentra en la práctica del retrato la clave de su pensamiento espiritual. Esa visión mística lo acompañará en su viaje a Europa, adonde se traslada impulsado por su amigo Douglas. Entretanto, éste desaparece en la montaña de Kamet, en pleno Himalaya, persiguiendo el sueño de fotografiar el lugar en el que nace el Ganges. Antes de regresar a la India, Tarak debe cumplir con un encargo: retratar a Alexandra de Dinamarca, futura reina consorte de Inglaterra cuando muera Victoria. Durante la sesión fotográfica, el protagonista cree captar el alma de la mujer universal. Ese retrato se transformará para él en un objeto mítico, que terminará condicionando su destino.

Daniel Isaacs ha escrito una novela evocativa y atrapante que narra una particular historia de encuentro y fascinación, al mismo tiempo que recrea los orígenes de la fotografía en el período victoriano y el ambiente de los grandes estudios de Londres y París.”

Que sea difícil de conseguir no quiere decir que sea imposible. El mercado de segunda mano es siempre una muy buena opción en este tipo de casos.

Portada del libro Un hombre que hacía retratos de Daniel Isaacs


“Veintitrés fotografías”, de Sònia Valiente

Publicada hace escasos meses, en octubre del año pasado, se trata de la primera novela de su autora, la periodista valenciana Sònia Valiente.

Su protagonista es una mujer, Sol, publicista de 38 años en plena crisis laboral y sentimental. “Un día, por impulso, compra una cámara analógica en el Rastro madrileño. Cuando revela el carrete, descubre 23 fotografías de la boda de una pareja. Sintiendo una llamada del pasado, se obsesiona con los novios y con un hombre misterioso que destaca entre los invitados. Cuando decide investigar sobre ellos, surgen las preguntas: ¿quiénes son los protagonistas de esas fotos?, ¿dónde están?, ¿siguen vivos? Sol todavía no sabe que la historia que encierran esas instantáneas dinamitará su vida por completo.”

Portada del libro Veintitrés fotografías de Sonia Valiente


“Una historia de la luz”, de Jan Nêmec

“Esta novela narra la fascinante historia de un fotógrafo de la primera mitad del siglo XX llamado František Drti­kol. A medio camino entre la ficción y la realidad (Drtikol existió: fue uno de los grandes nombres de la fotografía de su época), estas páginas nos cuentan, en ocasiones de manera trepidante, los detalles clave de una figura tan contradictoria como seductora: niño incomprendido en un pueblo minero, soldado que nunca llegó al frente en la Primera Guerra Mundial, fotógrafo mundialmente conocido, gran maestro del desnudo que nunca tuvo suerte con las mujeres, precursor del budismo en Europa…

Junto a la historia de su vida como artista, se nos muestra también aquí el desgarro íntimo de su búsqueda de lo absoluto. La relación de Drtikol con la luz fue la que lo acercaría, sin duda, a la mística: dentro de él convivieron siempre el deseo de belleza y la insatisfacción con la realidad.

Pocas veces, una novela de este tiempo —en un brillante recorrido por guerras, vanguardias artísticas y experimentos políticos— nos ha ofrecido una visión a la vez tan singular y tan atractiva del siglo xx. Pocas veces, una novela contemporánea ha sabido narrar con el mismo pulso la vida bohemia y la vida en el mundo rural, la pobreza y la riqueza, el amor y la muerte.”

Portada del libro Una historia de la luz de Jan Nêmec


“El final”, de Attila Bartis

Sobre esta novela no he leído más que maravillas. Y han sido varios los seguidores y seguidoras que han coincidido en recomendarme esta obra maestra del húngaro Attila Bartis.

Se trata de una novela sobre la vocación por la fotografía desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Comunismo.

El protagonista, András Szabad, “se cría en una pequeña ciudad de la Hungría comunista de posguerra, siempre bajo la protectora y amantísima presencia de su madre, una bibliotecaria con quien mantiene un vínculo muy especial.

En 1956, su padre trata de entorpecer un desfile de tanques soviéticos y es encarcelado.

Cuando tres años después éste vuelve a casa, completamente roto, la madre de András muere de manera súbita, aconte­cimiento que marca inapelablemente el final de su infancia. András y su padre se mudan a Budapest, buscando un nuevo y difícil comienzo, y será allí donde el joven descubrirá la fotografía, pasión que lo marcará profundamente.

Obsesionado por mostrar lo invisible a través de lo visible, por redimir a las personas y las cosas de su intrínseca fugacidad y fijarlas antes de su desaparición, András lo observa y lo conjura todo a través de su cámara Leica, artefacto que se convierte en una extensión de su ser. Pero el aprendizaje –de la vida, del arte– sólo acaba de empezar. Aún quedan todo el dolor y toda la belleza por delante. Aún debe conocer a Éva.

Con un estilo sobrio y poético, tratando a menudo temas desgarradores, pero atendiendo también con mirada prístina al fulgor de los pequeños milagros cotidianos, ”El final” es una novela de formación en la que el arte y el Eros se erigen como eternos salvadores de un alma abocada a la orfandad. Una obra memorable en la que Attila Bartis conjuga magistralmente la historia familiar con un recorrido por la convulsa historia europea del siglo XX.”

Portada de la novela El final de Attila Bartis


“Austerlitz”, de W.G. Sebald

Son varias las veces que me han recomendado leer a Sebald, “el escritor más fotográfico”, como me lo definieron una vez, pero aún no he encontrado el momento de hacerlo. Soy de las que piensa que los libros, de alguna manera, tienen que “llamarte”, hacerte sentir que ese es momento de leerlo. Puede ser de mil maneras; por el título, la portada, el autor o la autora… incluso por un pálpito inexplicable. El caso es que, en mi caso, ese pálpito no ha llegado aún. Perlo lo hará estoy segura. Porque Sebald es uno de esos nombres que siempre sale cuando hablo con amigos y amigas sobre literatura.

La especial relación de Sebald con la fotografía y con el mundo de las imágenes en general, nos habla de un autor para el que la palabra o la escritura no son suficientes a la hora de construir una narrativa. Y ese hecho, por sí solo, resulta ya más que intrigante.

“Austerlitz”, la novela que me han recomendado varios de mis seguidores y seguidoras en Instagram, cuenta la historia de un hombre sin pasado, sin patria ni idioma, que se siente como un intruso en todos los lugares.

Según he podido averiguar curioseando por Internet, el texto va mencionando fotografías tomadas por Austerlitz o por el narrador, y éstas van apareciendo en mitad del texto sin mayor explicación. Tienen un papel importante en este juego de espejos que es el libro: apoyándose en la presunción de veracidad de la fotografía, la historia dentro de la historia conecta con la realidad. Fue verdad. Estas fotografías son la prueba. Desbaratan la posición cómoda del lector, que ya no puede tranquilizarse creyendo estar en el territorio de la ficción. Y al revés.

Situada en un texto de ficción la fotografía pierde pie y nos muestra cómo su relación privilegiada con la realidad no está en la imagen misma sino en su contexto.

Su lectura no es fácil, ya que Sebald recurre a un estilo plagado de frases largas y complejas, pero quienes la han leído me aseguran que vale muchísimo la pena.

Portada de la novela Austerlitz de W. G. Sebald


“Esperando a Robert Capa”, de Susana Fortes

Este es otro de los libros que más ganas tengo de leer. Su autora, la escritora y articulista gallega Susana Fortes, es garantía de calidad, de eso no hay duda. Muchos y muchas conoceréis “Quatrocentto”, novela histórica que fue su primer gran éxito internacional. Este “Esperando a Robert Capa” es otro de sus títulos más celebrados y ha sido traducido a 15 idiomas.

“París, 1935. Escritores, pintores, poetas, fotógrafos… se mezclan en las calles y en los cafés de la Rive Gauche con miles de refugiados que llegan huyendo del nazismo. Entre ellos, dos jóvenes judíos. Ella, alemana de origen polaco, orgullosa, disciplinada y audaz. Él, húngaro, un superviviente nato que intenta como puede hacerse un hueco en el mundo de la fotografía. En apenas un año, el estallido de la guerra civil española los convertirá en dos de los mejores reporteros de guerra de todos los tiempos: Robert Capa y Gerda Taro. El amor, la guerra y la fotografía marcaron sus vidas.”

Portada de la novela Esperando a Robert Capa de Susana Fortes


“A su imagen”, de Jerome Ferrari

“Una joven fotógrafa muere repentinamente en un accidente en una carretera de Calvi, Córcega. El funeral será oficiado por su tío y padrino, quien pese a haberse prometido concentrarse plenamente en la liturgia, no podrá evitar que regresen a su mente imágenes de su sobrina: la niña fascinada por la fotografía, la adolescente seducida por un militante nacionalista, la prestigiosa fotógrafa de bodas o la periodista de un diario local que un día lo dejó todo para viajar a Yugoslavia durante la guerra.

En esta aclamada obra, el ganador del premio Goncourt Jérôme Ferrari explora el abismo que existe entre la realidad y la imagen que se nos muestra de ella, y a la vez logra combinar magistralmente el vivísimo retrato de una mujer libre con la crónica de algunos de los acontecimientos políticos que convulsionaron Córcega a finales del siglo XX.

Una novela llena de humanidad, que nos lleva del fracaso de las propias aspiraciones y anhelos a los ambiguos vínculos que se establecen entre la imagen, la fotografía, lo real y la muerte.”

Intercaladas en la narración, encontraremos interesantes reflexiones en torno a la fotografía y su papel:

“Ella le habla de las fotos que tomó. La conmoción que sin duda causarán si se publican. Intenta deshacerlo suavemente. Hasta el momento, ninguna foto, ningún artículo ha causado conmoción, excepto tal vez la conmoción innecesaria y fugaz del horror o la compasión. La gente no quiere verlo y si lo ve, prefiere olvidarlo.”

“Sí, las imágenes son una puerta abierta a la eternidad. Pero la fotografía no dice nada sobre la eternidad, se deleita en lo efímero, da testimonio de lo irreversible y devuelve todo a la nada”.

Portada de la novela A su imagen de Jerôme Ferrari


“El fotógrafo de cadáveres”, de Julio Castedo

“Ambientada en la Primera Guerra Mundial, ‘El fotógrafo de cadáveres’ narra la historia de dos protagonistas: Stefan Adler, un brillante fotógrafo vienés contratado para fotografiar a los cadáveres de los hijos de la alta sociedad austriaca muertos en el asedio austro-húngaro a la ciudad de Belgrado; y Arthur Klammer, un joven soldado, nihilista e introvertido, que se ve obligado a participar en una contienda que no comprende, una guerra en la que no hay redención ni purificación, sino solo un dolor intenso e injustificable.

Tras el estallido de la Gran Guerra, Adler realizará su trabajo con una perfección cada vez más obsesiva, queriendo devolver a los padres de los soldados muertos una imagen serena de sus hijos, un recuerdo que puedan contemplar.

Aprende a suturar, a maquillarlos, a disimular sus heridas, para que una vez fotografiados puedan dar la sensación de que estuvieran dormidos. Convierte así un oficio aparentemente repulsivo en una tarea cargada de humanidad.

Mientras tanto, Klammer colisiona con un mundo de rigidez e intolerancia militar desconocido para él, y debe enfrentarse a la muerte y al horror una y otra vez. La vida de barro, ratas y peligro de las trincheras le resulta insoportable a un joven culto que no comprende el mundo en el que vive y sueña con ser escritor.”

Portada de la novela El fotógrafo de cadáveres de Julio Castedo


“Soy fotografía”, de David Ortega

“Este libro narra la historia de un muchacho, Eduardo Muñiz (Edmun), que, con gran valentía, a pesar de tener una vida en bandeja por parte de su entorno familiar, se opone a tal circunstancia. Es el pequeño de dos hermanos que al acabar sus estudios de bachillerato se encuentra con un dilema: seguir estudiando en la universidad para prepararse y trabajar en la fábrica de bicicletas de su padre o tratar de buscar qué es aquello que le apasiona y cómo podría ponerlo en práctica en pro de los demás.

Casi por casualidad, y con ayuda de su amiga Úrsula, comienza a descubrir la fotografía y a percibir que el verdadero significado de la vida traspasa la superficialidad y lo trasciende en el desarrollo pleno de sus dones y talentos.”

Portada la novela Soy fotografía de David Ortega


“No fotografíes soldados llorando”, de Jordi Sierra i Fabra

“Damián es joven, aventurero y un excelente fotógrafo. Con solo 25 años se embarca en su primera misión como corresponsal de guerra junto al ejército español en Bosnia para plasmar la crudeza del conflicto. Lo acompañan su cámara y unas consignas muy claras: no correr riesgos innecesarios, no alejarse de las tropas y, la más rotunda, no fotografiar soldados llorando.”

Estas son algunas de las opiniones sobre la novela que he encontrado en goodreads.com

Me ha impactado. Sin caer en las descripciones morbosas, el autor ha sabido reflejar el horror, la crudeza, la maldad de los que es capaz el ser humano, en principio normal, cuando sabe que puede quedar impune y dejarse llevar por sus más bajos instintos. También describe de forma magistral las consecuencias que puede sufrir una víctima en determinadas sociedades. Y todo perfectamente hilvanado a partir de las experiencias de un fotógrafo de guerra.

Me ha gustado, la verdad que se me ha hecho bastante corto. Muy sencillo, directo y duro. La guerra con todas sus miserias desde los ojos de un fotógrafo. Muy recomendable.

Portada de la novela No fotografíes soldados llorando de Jordi Sierra i Fabra


“Me van a matar en agosto”, de Luis Andrés Vázquez

“Las autoridades franquistas negaron durante décadas su participación en la muerte de García Lorca, el más famoso escritor que dio la Generación del 27. Las cuatro fotografías de su fusilamiento que tomó Anthony Martin demostrarían lo contrario y revelarían al mundo entero la atrocidad del magnicidio. Esta es su historia, la del espía inglés hijo de un minero español en Gales y la del apasionante primer tercio del Siglo XX en España y el Reino Unido.

Es también la crónica de los entresijos del espionaje británico, de la secreta conspiración que condujo a la Guerra Civil española y de las dificultades de Anthony para sacar del país las comprometedoras fotos, en plena guerra civil y con Gonzalo Morales, el policía más sagaz y astuto de Granada, pisándole los talones.”

Portada de la novela Me van a matar en agosto de Luis Andrés-Vázquez


“Capturé tu mirada en una fotografía”, de Alexandra Roma

Novela romántica con la fotografía como telón de fondo.

Una fotografía y los ojos color caramelo de un desconocido fueron los ingredientes que Bianca necesitó para comenzar a escribir un guion cinematográfico. Lo que ella no se podía imaginar es que una productora aceptaría hacer la película y, mucho menos aún, que el día en que se lo comunicasen, el destino volvería a colocar a ese hombre en su camino y que acabaría descubriendo que era actor.

Demasiadas casualidades, ¿no? Bianca decide acabar con el azar y hacer TODO lo posible para conseguir que él sea el protagonista del filme. Lo malo es que acabará topando con el hermano mayor de éste, Matteo, un hombre misterioso, enigmático y con unos profundos ojos azules, que logra sacarla de sus casillas cada vez que se ven.”

Portada de la novela Capturé tu mirada en una fotografía de Alexandra Roma


“Fotógrafa y mentirosa”, de Natali Navarro

Publicada hace nada, en diciembre de 2023, “Fotógrafa y mentirosa” es el último trabajo de la escritora catalana de novela romántica Natalí Navarro. La protagonista es una exitosa fotógrafa de moda de 40 años cuya forma de ser no deja indiferente a nadie, y no para bien. Leed, si no, el texto de presentación de la novela:

La fotografía es mi mundo y para el mundo yo soy su fotógrafa. Así, tal y como lo oyes. He tardado muchos años en ostentar el título de mejor fotógrafa mundial en el sector de la moda, pero ahora que lo he alcanzado, nada, ni nadie, va a destronarme. Todo en mi vida ha tenido y tiene una única meta, SER LA MEJOR.

Soy Allison Mendoza, y si crees que soy una vanidosa, deja que te diga que: «Me importa una mierda, lo que tú y el resto del mundo creáis».

Bueno, eso es lo que pensaba hasta que…

Unas Navidades, un padre de lo más variopinto, un hermano con el que reencontrarme, un cuñado bocazas, una sobrina más descarada que yo y en especial… ÉL, desestabilizan mi vida.

Lo nuestro es una insensatez, pero «ÉL» no opina lo mismo y ha decidido entrar en mi vida para hacerse un hueco imborrable.”

Portada de la novela Fotógrafa y mentirosa de Natalí Navarro


“El álbum de fotos”, de Jo Baker

 Por lo poco que he podido leer por ahí, todo apunta a que estamos ante una deliciosa novela de esas que enganchan y enamoran por sus atractivos personajes. Al menos, eso es lo que se deduce de su sinopsis. Eso sí, el libro solo puede conseguirse en el mercado de segunda mano.

“Sobre el cambiante telón de fondo del último siglo de la historia británica, ‘El álbum de fotos’ nos relata la historia de la familia Hastings de un modo tan vívido y conmovedor como las postales y las fotografías que la abuela Amelia guardará durante toda su vida en una maleta de cartón.

Conoceremos primero a William, el joven obrero de una fábrica que combate en la batalla de Galípoli; a su hijo Billy, un campeón ciclista que en la Segunda Guerra Mundial toma parte en el Desembarco de Normandía montado en una bicicleta militar; a Will, su hijo lisiado, que llega a ser académico en Oxford durante los años sesenta; y por último a Billie, la hija de Will, pintora de talento en el Londres actual.

Mientras los nombres de todos ellos reverberan sin tregua de generación en generación, iremos conociendo sus pequeñas miserias, sus lealtades y traiciones a la familia o a sus vocaciones, los distintos modos de vivir la soledad de las mujeres de los soldados, la importancia de conseguir una barra de labios en plena guerra, el hambre, el éxito, la superación, el legado de las elecciones tomadas, las ocasiones perdidas y los secretos ocultos.

Portada de la novela El álbum de fotos de Jo Baker


“La hija del fotógrafo”, de Claudia Duclaud

Esta novela cuenta la historia de Julia, una chica nacida en una familia de fotógrafos. Está contada a través de la lente de una cámara Pressman Reflex, testigo, a lo largo de los años, de las idas y venidas de los miembros del clan familiar, sus sentimientos, sus encuentros, y los acontecimientos históricos que marcan su día a día.

La protagonista, Julia, se verá obligada a enfrentarse a las rígidas expectativas paternas y al estricto ambiente de una sociedad minada por los prejuicios, el machismo y el fanatismo religioso. Su espíritu rebelde y sus anhelos de independencia la llevan a enfrentar los cánones y a romper patrones, al mismo tiempo que descubre el efecto que su belleza ejerce en los hombres.

Portada de la novela La hija del fotógrafo de Claudia Duclaud

«Mis noches en el Ideal Room», de Mila Martínez

Este libro es un añadido ‘extra’ al post, ya que me lo ha recomendado un seguidor después de haber publicado esta lista. Las críticas que he visto hablan de «una novela que cautiva desde el principio», «bien documentada» y con «emoción», «intriga» y «amor a raudales»: Como curiosidad, está ambientada en Valencia, en el año 1937.

Os copio aquí el texto de la contraportada:

«En el interior de ‘Mis noches en el Ideal Room’ convergen misterio, romance, erotismo e historia. 

Esta novela te lanzará a vivir en primera persona el ambiente febril de mayo de 1937 en Valencia, en plena retaguardia de la guerra civil española. Podrás presenciar la efervescencia del día a día y sumergirte en la locura de sus noches. Te permitirá conocer un lugar de encuentro históricamente señalado, el Ideal Room, el café más frecuentado por artistas, intelectuales, políticos y corresponsales extranjeros de la época. Tendrás entre tus manos una cámara fotográfica mítica: la Leica. Te rodearás de personajes que te transmitirán su valor, sus ideales, sus miedos, sus deseos, su alma; personajes como Sophie, cuya aparición inesperada da inicio a la trama; Victoria, fotógrafa elegida por el destino; Daniela, una mujer marcada por la guerra; Gerda, valiente fotoperiodista convertida en icono. Y, en medio de todo ello, sus páginas te harán testigo de un amor enardecido y —en principio— imposible.»


Esta es la primera lista que hago de este tipo. Hasta ahora, todas las que he hecho han sido de fotolibros. Os las dejo aquí debajo recopiladas, por si os apetece echar un vistazo. Y como siempre, podéis dejarme vuestras opiniones, sugerencias y comentarios en este mismo post, en el email del blog o hacérmelas llegar a través de mi cuenta de Instagram (@leiremiska).

¡Gracias por darme la idea para este post!

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